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Crítica de Lady Bird. La incomprensión del querer

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Greta Gerwig recrea una sociedad que busca la tolerancia de puertas para adentro en algunos casos, y se transforma en otra muy distinta en el día a día con los demás.

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Queremos lo natural, lo normal y a veces lo rutinario, sobre todo en el cine que se entiende de lo indie que sobrevuela la vida cotidiana, pero siempre que nos acompañe de una sintonía que nos llegue.

Lady Bird cumple varios de esos requisitos, es una historia que nos sonará más que familiar, incluso tratada en la gran pantalla, que quiere empatizar con el espectador por medio de las actuaciones principales femeninas, pero aun así le falta algo más de empaque y simpatía por parte del compendio global de la historia para calar en el espectador.

Crítica de Lady Bird

Christine es una adolescente que posee una gran personalidad que no se deja pisar, es muy amiga de sus amigos y adora a su familia, pero quiere volar sola, ser independiente y crear su propio mundo. Por ello, ahora quiere que su nombre sea Lady Bird. Por otro lado su madre ejerce como tal, con protección, con cautela y estricta, es la que intenta marcar su camino, ese que ella no quiere. Y en medio su padre, que intenta ayudar para que ambas se comprendan, mientras él pierde su trabajo. Christine quiere marcharse de su ciudad, buscar una vocación y tendrá que luchar para ello dentro de su hogar y de su entorno para que sea comprendida.

Es la segunda película de la directora Greta Gerwig que en esta ocasión vuela sola en dirección y guion. No es una obra autobiográfica en sí, pero si ha partido de lo que ha visto a su alrededor.

La cinta supere levemente los 90 minutos y en su visionado parece mucho más, es algo que no juega a su favor. Tramos lentos, en cierta forma repetitivos y que bien es verdad que nos cuenta y narra, como a veces en ciertas etapas de la vida, uno se repite sin darse cuenta cayendo siempre en la trampa de los errores anteriores pero sin poder evitarlos.

A su favor tiene que contiene varios giros que sorprenden y que hace que vuelvas a meterte en la película, y que el final no es al menos el típico o tópico de películas que tratan relación de adolescentes con familia y más estrechamente con la madre.

Otro de los factores que favorece y ensalza al personaje principal es la música y el colorido, muy acorde con ella, con el fondo y ante todo con su interior, ese que tiene una revolución personal e íntima que lo traslada muy bien la directora en imágenes que van paralelas a la protagonista. Los personajes adolescentes secundarios son esa parte que apoya y adorna todo lo que brota en el principal, pero que sin ellos no tendría sentido.

Aun así la directora Greta Gerwig recrea una sociedad que busca la tolerancia de puertas para adentro en algunos casos, y se transforma en otra muy distinta en el día a día con los demás. Muestra los clasismos de la etapa y lugares que describe con sutilidad pero sin dejarlo de lado, eso sí es algo que se agradece en el contexto de la juventud y de las válvulas de escape que se dibujan en los protagonistas adolescentes.

Los personajes adolescentes secundarios son esa parte que apoya y adorna todo lo que brota en el principal, pero que sin ellos no tendría sentido. Pero interpretativamente quienes llevan la carga de Lady Bird son Saoirse Ronan y Laurie Metcalf que empastan a la perfección en sus papeles, la primera de rebelde con sentimientos y la segunda de protectora recta sin parecer que se deja amilanar.

Acerca de Susana Peral

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