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Crítica de Sin fin. La incapacidad de sentir

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Una historia de amor, de desasosiego, de imaginación, de pasado, presente y futuro, con la incapacidad de reaccionar ante las adversidades físicas y emocionales, viendo como el pasado escondido en cualquier rincón del alma puede salir a flote en cualquier momento.

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La fatalidad de no saber trasmitir los sentimientos en el ser humano es algo cada vez más habitual, encerrarse en uno mismo, padecer alguna patología que nos impida expresar lo que llevamos dentro sin querer, a sabiendas que algo hay, pero eso sí, que nadie nos diga que tenemos por miedo a la verdad. Eso es lo que han querido César Esteban AlendaJosé Esteban Alenda plasmar en Sin fin. una cinta pausada, llevada con la melancolía de los sentimientos impresa a ritmo de la música de Sergio de la Puente y la excelente fotografía de Ángel Amorós

Sin fin es sinónimo de la incapacidad del ser humano de reacción ante adversidades que finalmente pueden incluso ser algo positivo en la personalidad de cada uno. De cómo somos incapaces de aceptar las cosas tal y como son, sin necesidad de complicarse la vida. Todo ello por medio de una historia de amor, con sus pros y sus contras, con sus idas y venidas.

Javier vuelve al presente queriendo recuperar a su amor perdido, a María. Ahora realizarán de nuevo el viaje que les unió, como se conocieron y como fueron esas primeras horas juntos que tanto les marcaron. Un segundo viaje de Madrid al mar, para intentar que María vuelva a tener la alegría de cuando ambos se enamoraron.

Dos personalidades muy diferentes, extremas, el desparpajo hecha persona, sin tapujos, sin callar de cara a la galería, y por el contrario la contención en todo su esplendor con sus carencias afectivas y sin saber trasmitir, con una ilusión mental en otro espectro pero con la incapacidad de emocionarse y relacionarse con el resto de los mortales, y por ello mucho más el expresar sus sentimientos.

Una historia de amor, de desasosiego, de imaginación, de pasado, presente y futuro, con la incapacidad de reaccionar ante las adversidades físicas y emocionales, viendo como el pasado escondido en cualquier rincón del alma puede salir a flote en cualquier momento.

Aun así el guion nos lleva nos derroteros imaginativos, en algún momento sin saber muy bien por donde va la historia, pero poco a poco se va fundiendo, hilando por momentos, conteniendo varias secuencias que son en enlace para que todo cobre sentido, o todo lo contrario. Sin fin es de esas películas aunque con final, deja al espectador que se cree su propia trama.

Los directores César Esteban Alenda y José Esteban Alenda han realizado un trabajo donde toda la carga recae en dos actores, Javier Rey y María León, ambos dos muy alejados de sus trabajos habituales en tono comedia, y han solventado su papel dramático con gran soltura y dinamismo al mismo tiempo. Dos actuaciones que requieren contención, miradas frías y semblantes oscuros, donde en cada secuencia esconden algún sentimiento. Todo ello no sería nada sin la carga musical que contiene la cinta y sin el tono en pantalla del que se ha dotado, muchos colores grises, neutros y azules que recrean el interior de los personajes.

Sin fin ganó el premio a Mejor ópera prima en la pasada edición del Festival de Málaga y Javier Rey el premio a Mejor actor.

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