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Crítica de A la vuelta de la esquina: el embriago de la sencillez

Puntuación:

El director Thomas Stuber no utiliza parafernalias ni adornos alrededor de los personajes, no los dibuja con florituras, todo lo contrario, lo encamina todo por medio de caminos grises, con vidas tenues en lugares despoblados de posibles empatías, pero al mismo tiempo buscando la misma con el espectador con respecto a los protagonistas., éstos que sobrevuelan frente a la infelicidad y la incapacidad de armonizar ni encajar fuera de su mundo.

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Siempre lo sencillo regala más al corazón, sin adornos ni aditivos. Las historias de cada día, de poco a poco, llegan con la facilidad de emocionar y dejar poso progresivo, que al final es el que cuenta, el que no se olvida y deja huella.

Los pasillos de un supermercado acogen a Christian en su función de reponedor, tendrá como aliado en los lineales, de primeras, a Bruno, su compañero en la empresa. Poco a poco se irán haciendo amigos, al mismo tiempo que Christian se enamora de Marion, empleada en la parte de dulces y que siempre se está metiendo con él. Aunque piensa que es correspondido, se encontrará con el obstáculo de la vida de Marion fuera del supermercado.

Historia llana, simple, sin dobleces, con la búsqueda de la tranquilidad y la emoción adquirida por la necesidad de los vaivenes de la vida y sus sinsabores, sin buscar las razones de las mismas, solo enfocando la mirada en el futuro y en el refugio del interior de los personajes, que necesitan del reposo y del sosiego para encontrarse a sí mismos.

Muestra las distintas soledades de la vida, de muchas personas, de muchos trabajos, los reparos a lo nuevo y a los prejuicios sociales y personales por el pasado. Es un drama buscando la tolerancia por medio de la palabra y el amor, sin necesidad de contarlo a los vientos, si no mostrarlo en cada mirada.

A la vuelta de la esquina es una película llena de pequeños detalles, que engrandecen la cinta, convirtiéndola en todo un ensalce de lo normal y cotidiano hacia la búsqueda de la felicidad y de la libertad emocional.

El director Thomas Stuber no utiliza parafernalias ni adornos alrededor de los personajes, no los dibuja con florituras, todo lo contrario, lo encamina todo por medio de caminos grises, con vidas tenues en lugares despoblados de posibles empatías, pero al mismo tiempo buscando la misma con el espectador con respecto a los protagonistas., éstos que sobrevuelan frente a la infelicidad y la incapacidad de armonizar ni encajar fuera de su mundo.

Franz Rogowski realiza un ejercicio de contención, ante todo en la parte física, que hace mucho más creíble a su personaje, que sin dobleces, muestra alguna arista que ha hecho que su personalidad tenga pequeñas cicatrices que han marcado su vida y le han llevado a ser como es, cohibido, reservado y ante todo respetuoso.

Thomar Stuber en guion, junto con Clemens Meyer, han llevado al extremo del magnetismo con la cámara a Rogowski, y con unos movimientos que le llevan a dar más empaque a su papel al captar el carisma de la música que es algo a destacar en la película.

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