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Crítica de Le Mans 66. Crónica de una amistad

Puntuación:

Correcta recreación de la particular relación profesional y personal entre Ken Miles y Carroll Shelby,, dos hombres que lograron que la compañía automovilística Ford se convirtiera en la gran rival de Ferrari en el mundo de los coches de carreras.

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Las películas de superación personal son casi un género en el cine estadounidense. El valor del esfuerzo y la persistencia en conseguir una meta forman parte de la mentalidad del país de las barras y estrellas. Le Mans 66 se puede encuadrar dentro de este tipo de filmes al mostrar los esfuerzos del piloto Ken Miles y diseñador de automóviles Carroll Shelby por lograr que la compañía Ford, una de las líderes en el ámbito de los turismos, se hiciera un hueco en el mundo de los coches de carreras.

La cinta refleja la pasión que ambos pusieron en su empeño y la amistad que fueron forjando gracias a ello. No obstante, encontraron paradójicamente en la compañía que les respaldó económicamente el mayor freno a algunas de sus metas.

Curiosamente, la empresa Ferrari, el mayor rival de Ford, no aparece como el principal villano de la función, sino uno de los directivos de la empresa, Leo Bebee, que puso por delante sus deseos de medrar y llevarse los méritos de otros antes que reconocer la valía de los verdaderamente responsables. Este matiz unido al destino, que juega casi siempre un papel, restan algo de triunfalismo y añaden verosimilitud a un largometraje que es más que una sucesión de carreras de coches.

James Mangold, realizador todoterreno que ha trabajado en cintas tan distintas como En la cuerda floja y Logan, firma su apasionante historia con la corrección de un artesano. Hace gala de un buen gusto visual a la hora de rodar las competiciones automovilísticas y dirige con buena mano a sus actores. Quizá se eche de menos una mayor personalidad y energía a la hora de plasmar en imágenes los prolegómenos de la particular gesta. No obstante, acierta en los momentos dramáticos o al imprimir tensión a las carreras. A todo ello hay que añadir un impecable trabajo de los responsables del vestuario y los decorados, que recrea perfectamente los años sesenta del siglo XX.

Lo mismo se puede decir del estupendo trabajo de Matt Damon y Christian Bale. El primero refleja sin excesivos aspavientos como Shelby la persistencia de un hombre que se fija un objetivo y sabe en quién confiar para lograrlo, mientras que el segundo, en la piel de Miles, muestra la pasión de un tipo seguro de sí mismo al que perdía una evidente impulsividad.

En resumen, Le Mans 66 es una buena película de Holywood al que le falta algo más de riesgo y menos de fórmula para ser verdaderamente grande.

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