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Nayra Sanz Fuentes: “Selfie puede entenderse como una visión fantástica de la realidad”

El mundo que aparece en 1984 está más cerca de lo que creemos. El Gran Hermano que describiera George Orwell en su clásico está presente en esas cámaras de vigilancia que nos espían de una u otra forma y en unas voces pregrabadas que nos conminan a realizar acciones a través de frases imperativas. Ese futuro que se ha adelantado al presente es el que muestra la directora canaria Nayra Sanz Fuentes en Selfie, cortometraje que ha participado en festivales como DocumentaMadrid, Alcances, Alcine o Zinebi.

La cinta continua en cierta medida la exploración que ha reallizado en otros trabajos, como Sub Terrae, En otras tierras o Derivas,donde analiza las relaciones entre hombre, naturaleza y máquinas. Con motivo de la participación del cortometraje en la sección oficial del IDFA (International Documentary Filmfestival Amsterdam), uno de los festivales más importantes en el terreno de la no-ficción, entrevistamos a esta cineasta que también ha trabajadoo en filmes ajenos del calibre de Edificio España o La ciudad oculta.

Fotografía realizada por Carmen Kahlo

¿En qué medida Selfie hace buena la frase de Paul Éluard: “Existen otros mundos, pero están en éste”?

Me interesa mucho esta frase de Éluard que mencionas, no sólo en relación con Selfie, sino también con la forma en la que intento acercarme al arte, que es la de despertar la mirada y, por extensión, los sentidos y la conciencia, desde el aquí y el ahora, más que desde el escapismo. Si por algo me dedico al cine es precisamente por esta realidad: según cómo nos relacionemos con nuestro entorno se pueden llegar a descubrir infinidad de formas de aproximarnos y relacionarnos con él, algo que, sin duda, fomenta cierto tipo de arte.

Si reflexiono esta frase en relación con Selfie, considero que es muy próxima al cortometraje por la propia incertidumbre y desconcierto que he tratado de generar, fundamentalmente en relación con los tiempos: ¿lo que se presenta en la pantalla es un mundo presente o una idea de mundo futuro?; ¿es una distopía alcanzada, o es una distopía por llegar?, ¿es un espacio con el que uno se llega a identificar, o le resulta extraño y ajeno? Son estas preguntas, entre otras, donde me he posicionado para reflexionar sobre el momento histórico que estamos viviendo, en donde nosotros, los usuarios de las máquinas creadas por nuestras sociedades, debemos replantearnos lo que implican estas nuevas formas de relación para cuestionarlas de frente y no dejarnos llevar tan sólo y exclusivamente por las derivas de la supuesta novedad

Rinoceronte Films

Las frases imperativas y las imágenes de las cámaras de vigilancia me han recordado a 1984. ¿Estaba en tu cabeza este libro?

Para mí más que una utopía es la representación de una distopía, que como describió Foucault es el imaginario de sociedades indeseables donde el hombre ha terminado por ser alienado debido a diferentes factores. Al igual que en 1984, que sin duda es un libro referencial en este trabajo, como también lo es Un mundo feliz de Adous Huxley, en Selfie se presenta una sociedad donde las máquinas determinan nuestras formas de actuar y nos indican cómo debemos conducirnos, implicando siempre una advertencia que infunde miedo y/o amenaza; un estado policial que puede parecer una ficción por como está planteado en el cortometraje, pero que, sin embargo, se ha construido a partir de frases sin alterar grabadas en nuestra cotidianidad urbanita más cercana: transportes públicos, centros comerciales, parkings o aeropuertos.
Desde que hemos entrado en el siglo XXI, con la llegada impositiva de la revolución tecnológica, estamos inmersos en un proceso de cambio radical donde la máquina, en todas sus esferas, va ocupando un lugar privilegiado en nuestras vidas. Y es ahí donde me interesa ahondar: en este periodo en el que todavía podemos ser conscientes y distanciarnos para plantearnos este tipo de relación, que irónicamente parece estar destinado a convertirse en una nueva pseudo-religión.
Me interesa reflexionar, haciendo un repaso en líneas generales, como en la historia de la Humanidad hemos pasado por una visión panteísta del mundo, donde la naturaleza era la suprema divinidad, posteriormente llegaron las grandes religiones monoteístas que adoran a un ente abstracto, para terminar generando, tras la “muerte de Dios”, un nuevo modo de sometimiento, en esta ocasión otorgándole el poder al mundo de la máquina. Pero ésta es una pseudo-religión con valores muy diferentes a visiones anteriores, dado que, entre otras características, la forma de sumisión es perversamente inconsciente, lo que permite ir cediendo paulatinamente capacidades que nos hacían autosuficientes sin casi percatarnos -memoria, orientación, comunicación, etc.-, modificándonos como individuos y como sociedad.

¿En qué medida piensas que tus trabajos participan en lo que podríamos llamar una visión fantástica de la realidad? Lo comento especialmente por Sub Terrae y Selfie.

Me interesa mucho la visión del novelista británico J.G. Ballard, quien al reflexionar sobre la ciencia ficción consideraba que no le atraía este género al estilo americano, donde tienden a explorarse galaxias de un mundo lejano y futuro. Lo que le interesaba a la hora de desarrollar su trabajo en este ámbito era analizar su propio entorno, ya que, en palabras suyas, “los alienígenas (…) somos nosotros, los hombres de hoy”. Me siento muy cercana a esta reflexión, porque considero que una parte importante de nuestras sociedades desarrollamos procesos en los que integramos formas de conducta sin plantearnos las implicaciones que las mismas conllevan. En gran medida es lo que quiero plantear en Selfie: mientras se tiende a generar una sociedad ensimismada y egocéntrica, en la que el autorretrato obsesivo es una acción cotidiana a través de nuestros móviles, olvidamos escuchar en profundidad el sentido de las múltiples voces mecánicas que nos rodean a diario conduciendo y determinando nuestros movimientos y acciones.
Es cierto que Sub Terrae y Selfie podrían entenderse como una visión fantástica de la realidad, sin embargo, la paradoja es que son espacios en los que no he intervenido ni alterado en relación con lo que allí acontecía. Sin duda, he trabajado los encuadres, los movimientos de cámara y el diseño sonoro, lo que puede otorgarle esa sensación de fantasía, de irrealidad. Es algo que me interesa mucho como cineasta, cómo tensar y “torsionar” las formas desde lo cotidiano, para tratar de ver más allá en un periodo histórico en el que estamos saturados por la era de la imagen. A su vez -al menos en estos dos trabajos-, con el fin de generar una sensación hipnótica y desconcertante, he recurrido a un lenguaje lo más minimalista posible, pero centrándome en espacios que aluden a referentes sociales e históricos atemporales, como puede ser un cementerio o un supuesto lugar de adoración, con el propósito de que las lecturas puedan ser múltiples y dispares según la referencia cultural de la que procedan los espectadores.

Rinoceronte Films

¿Crees que tu película se puede emparentar estilísticamente con Dead Slow Ahead o La ciudad oculta, en la que también has participado?

Pienso que hay elementos que pueden aproximar Selfie con estas películas que mencionas, dirigidas por dos autores al los que respeto y admiro muchísimo, como son Mauro Herce y Víctor Moreno. Diría que una de las más destacadas es el trabajo de diseño sonoro, con el que se genera una sensación inmersiva y de extrañeza que cuestiona los espacios que se presentan en la pantalla, generando dudas y preguntas en el espectador. A su vez, otro de los aspectos que pueden vincularse, son los escenarios donde se desarrollan y cómo están filmados, provocando de nuevo una sensación de incomodidad y de distanciamiento con esos lugares que supuestamente pertenecen a nuestro tiempo presente pero que, sin embargo, no terminamos de reconocer. Aun así, algo que considero que los puede diferenciar en su narrativa es que mientras que los dos largometrajes se acercan a lugares, por lo general, poco frecuentados por los ciudadanos, como es un barco de carga o el subsuelo de una gran ciudad, Selfie se ubica en el centro de una gran urbe transitada por cientos de personas al día, con los matices que esto supone.

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