jueves , septiembre 24 2020

Crítica de 1917, Héroes sin nombre

Puntuación:

Roger Deakins, el director de fotografía es uno de los pilares fundamentales de 1917 no solo por la aportación del plano secuencia, si no por esa capacidad de absorber con la cámara la esencia de cada uno de los personajes con unas tonalidades que dentro de la oscuridad de la trama son determinantes para comprender muchas partes de la cinta.

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De las tres nominaciones que tenía 1917 en la 77ª Edición Globos de Oro se ha alzado con Mejor película drama y director. San Mendes que debutó en la gran pantalla con American Beauty, ya triunfó con su primera película en esos premios que fueron seguidos por muchos más.

Ahora el director se decanta por trasladarnos a la I Guerra Mundial, entre las trincheras y la historia de dos jóvenes británicos, todo ello ha sido idea del propio Mendes a raíz de una anécdota que su abuelo paterno, Alfred Mendes, le contó. Una historia mucho más del lado humano que de las ideas políticas en sí, una reflexión sobre la importancia de las personas y de la unión de las mismas.

Casi desde la primera toma uno sabe va a saber cual va a ser el protagonista principal, ese que no da en casi ningún momento su nombre, pero que ocupa la pantalla desde el instante número uno, a veces incluso en un segundo plano, símil en todo el filme 1917.

El hecho de poder saber cuál será el personaje principal, y por ello algunas cosas muy fáciles de prever no quita nada de mérito al guion, ya que esa carrera de fondo está tan bien narrada que te hace estar pendiente a pequeños giros e imprevistos.

Dos jóvenes británicos, Schofield y Blake tendrán que llevar una carta para avisar a otra sección, que va más adelantada, de una posible emboscada por el ejército alemán. Deberán de cruzar una zona devastada por los bombardeos, sin ninguna protección más que su cuerpo y un fusil. Si llegan a tiempo muchos compañeros podrán salvar su vida, incluso un hermano de Blake.

A estas alturas nadie va a pensar que una cinta de dos horas es un plano secuencia, pero sí aquí en 1917 se ha realizado el montaje para que eso es lo que parezca en varias partes. Los cortes son visibles y latentes, pero el montaje nos hace vernos inmersos en esa técnica que al mismo tiempo nos traslada la movilidad de los hechos y los protagonistas, con la angustia, el temor y la necesidad de llegar a su destino.

Roger Deakins, el director de fotografía, es uno de los pilares fundamentales de 1917 no solo por la aportación del plano secuencia, si no por esa capacidad de absorber con la cámara la esencia de cada uno de los personajes con unas tonalidades que, dentro de la oscuridad de la trama, son determinantes para comprender muchas partes de la cinta.

El guion de Sam Mendes y Krysty Wilson-Cairns es consistente, a priori podríamos pensar que todo se queda en esa historia de dos soldados que quieren salvar la vida de unos compañeros cuáles héroes. Pero hay mucho más allá de la fama o galones en sí. Está la necesidad de rendir homenaje a todos aquellos que en las batallas por un país pierden la vida por unos intereses que a veces incluso no están definidos.

Esa parte de dibujar lo que se pierde está retratado en esa peripecia de llegar a la orden recibida, de lo que se ve por el camino, de las frases y recomendaciones de quiénes recomiendan que tengan siempre un testigo cuando la misión llegue a buen puerto.

Un guion lleno de alzamientos de voz crítica por una sinrazón que es la guerra, y un abogamiento por valorar a cada una de las personas que allí participan, más allá de su rango.

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