
Ahora nos llega esta segunda entrega, auspiciada por el éxito económico de la primera, que aún siendo menos original y con personajes, la mayoría ya conocidos, está mucho más elaborada, con un guión a la altura de una gran película que, aún con sus momentos olvidables, si gusta a pequeños y mayores.
La historia es sencilla , los cuatro protagonistas en su afán por regresar a New York montan en un desvencijado avión que sus amigos los pingüinos se han encargado de poner en funcionamiento. El vuelo dura muy poco, el combustible llega a cero y se estrellan en mitad de la sabana africana. Obligados a vivir con sus congéneres, la experiencia lejos de ser desgradable les llevará a descubrir el verdadero lugar para el que están predestinados.
Y lo cierto es que la cinta es graciosa, con gags verdaderamente ‘currados’, dónde se nota un esfuerzo de todo el equipo por amplificar las virtudes de la primera, añadiendo más animales, más situaciones cómicas y sobretodo más pingüinos, que son una parte fundamental de la película. El elaborado guión consigue llevar la producción a un punto capaz de agradar a todos los públicos, padres e hijos, con altibajos creativos que no empañan la totalidad de una producción que se hace corta y nos deja con ganas de más.
La previbilidad, lejos en esta ocasión de ser un engorro, es hasta deseada, en un montaje muy bueno dentro del género, que además cuenta con una banda sonora recordable, dificil de olvidar y pegadiza que ayuda a convertir en un perfecto entretenimiento este espectáculo que sólo la continua algarabía de unos niños demasiado pequeños para ir al cine consiguer enturbiar. Recordable película de animación y buén momento para encaminarnos a las salas con nuestros hijos, mi hija casi ni se movió de la butaca y eso ya es bagaje suficiente.
Gran éxito comercial que sin estar a la altura de ‘Wall-E’ y ‘Kung Fu Panda’, si está llamada a ocupar un lugar de privilegio en los gustos cinematográficos de nuestros niños.
6,7 sobre 10.
Rafael Calderón Luna.
