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Los Abrazos rotos. Almodóvar en pequeñas dosis

los-abrazosHan pasado tres años después de la excelente ‘Volver’, tres años esperando el siguiente trabajo del genio manchego. Almodóvar vuelve con ‘Los Abrazos rotos’, con un cambio de registro, con el listón igual de alto, pero con un resultado bastante más irregular. Y es que aunque siempre que haya un Almodóvar en cartelera es una alegría para la taquilla nacional, el premio a tanta espera no es acorde a las expectativas levantadas. Su estilo sigue ahí, totalmente reconocible, cosa que es de agradecer, pero esos momentos tan suyos son alternados por otros mediocres, de cine turbio y mal narrado que nos trae reminiscencias de la ‘La mala educación’.

‘Los abrazos rotos’ se mueve en dos tiempos, 1994 y 2008, con el personaje de un solvente y a ratos genial Lluís Homar como hilo conductor y absoluto protagonista. Homar interpreta a dos personajes, el director de cine Mateo Blanco (1994) y su álter ego Harry Caine (2008), guionista ciego.

A ambas partes de la misma persona las une el rodaje de una película, ‘Mujeres y maletas’, protagonizada por la bellísima Lena, interpretada por la estupenda como siempre Penélope Cruz. En la cinta no faltan ciertos tics de nuestro manchego, para lo bueno y lo malo, vuelven a repetir sus asiduos, Lluís Homar tras ‘La mala educación’, Blanca Portillo y Penélope Cruz en unos papeles totalmente diferentes de los que le tocaran en ‘Volver’.

 No faltan cameos de anteriores musas como Kiti Manver, Chus Lampreave, Rossy de palma y de otros personajes de reciente aparición en el universo Almodóvar como Dani Martín, Carmen Machi o Rubén Ochandiano. Aprovechando el momento para realizar guiños a otras obras de gran importancia en su filmografía. ‘Mujeres Al borde de un ataque de nervios’, ‘Tacones lejanos’ de las que nos deja gotitas de cada una de ellas en un guión lleno de altibajos dónde se alternan los momentos inolvidables con otros dignos del peor Almodóvar, de verdadero tedio y de un aburrimiento impropio del veterano director.

La alternacia de personajes es tan irregular como la película en si, unos rozan la maestría y enriquecen la obra, y otros, perdidos en este universo tan particular, entorpecen y quitan credibilidad a un largometraje, que aún restando sus muchos minutos perdidos, sus pasajes puros de cine genuino y auténtico nos recuerdan que tenemos un genio entre nosotros y que seguro tendrá mejores ocasiones de demostrarnos su maestría, en esta ocasión solo nos ha dejado pequeñas dosis.

6,5 sobre 10.

Rafael Calderón Luna.

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