
El 9 de junio de 1865, un choque ferroviario en Staplehurst provocó una tragedia de dimensiones dantescas: 10 muertos, más de 40 heridos. En medio del caos y del horror un celebérrimo Charles Dickens, que viajaba en primera clase con su amante y la madre de ésta, descubre a un extraño ser a cuyo lado cualquier herido acaba pereciendo.
El enigmático Drood, un individuo sombrío, sin párpados y de nariz amputada, que habría de centrar los miedos y las obsesiones del escritor en su última etapa. Simmons convierte en protagonista a este personaje inventado por el propio Dickens en su obra postrera e inconclusa ‘El misterio de Edwin Drood’. Ambientada en el Londres brumoso donde convivieron Dickens y Collins, entremezcla realidad y ficción y en la que asoman asuntos como la rivalidad artística, la obsesión enfermiza, las adicciones e incluso la hipnosis y la antropofagia.