El universo cinematográfico, televisivo y literario de Drácula y los chupasangres se amplia casi sin límites, ya son infinidad las adaptaciones que su personaje nacido para la literatura de la mano del libro ‘Drácula’ de Bram Stoker, ha tenido en la gran pantalla, incluida el último gran éxito de la saga ‘Crepúsculo’ y en la pequeña con la llegada de nuevas series juveniles como ‘True Blood’ o ‘Crónicas vampíricas’.
Pero antes de conocer esta prolífica carrera en la literatura, en la TV y en el cine con más de 270 versiones entre películas y series; no está de más repasar la historia real de un personaje de ficción con raices históricas que se entremezclan con la leyenda, sin dejar claro cual es la línea que separa la ficción de la realidad.
Además daremos un repaso a las adaptaciones cinematográficas, muchas y variadas. Americanas, españolas, de humor, terroríficas, algunas malas, otras buenas. Un sinfin de producciones que hacen de este personaje uno de los más recordados de la historia del celuloide.
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Los origenes reales de Drácula. Vlad ‘El empalador’
Nació en 1431 en Transilvania y gobernó como principe de Valaquia de 1448 hasta 1476 año de su muerte en el campo de batalla decapitado por sus propios soldados que le confundieron con el enemigo. Su título nobiliario fué ‘Dracul’, título que heredaría su hijo legítimo Vlad III. ‘Dracul’ se traduce por ‘El diablo’ y eso junto a ‘Ulea’ que significa ‘Hijo de’, hacen el síncope Drácula, nombre con el que se conocería a este heredero que ayudó a crear la reputación de la familia y junto a su padre se convirtieron en unos sanguinarios y bárbaros, famosos por llenar los caminos de víctimas empaladas con lo que intimidaban al enemigo.
Sin embargo en su país está considerado un héroe nacional por su defensa del cristianismo y de su tierra, para el resto del mundo fué un sádico y un déspota.
Hay estudiosos que sostienen que el mito de Drácula nace de una fémina y que el escritor y mentor del mito, Bram Stoker pensaba en ella al dar forma a la novela, sustituida después por un hombre por miedo al fracaso comercial de la obra.
Esa mujer fué Elisabeth Báthory nacida en Hungría en 1560 y reclutada para el arte de la tortura por su marido y por su sirviente, Thorko, que la convenció del poder beneficioso de la sangre. Durante 10 años asesinó y torturó a más de 700 vírgenes para bañarse en su sangre, por supuesto vestida de blanco símbolo de pureza. Fué emparedada en su alcoba donde logró sobrevivir tres años más.
Pero los Vampiros en si tienen un origen más ancestral y monstruos chupa-sangre han tenido practicamente todas las civilizaciones. En China Giang Shi, un diablo bebedor de hemoglobina, y Kiang un vampiro capaz de dejar seca a una persona en cuestión de segundos. En Roma era Strix, los rumanos tenían a Strigoi, como podemos ver son innumerables las acepciones que la palabra vampiro tiene en la historia de la humanidad.
Otras fuentes hablan de una enfermedad llamada ‘porfiria’ como el verdadero origen del vampirismo, necesidad de beber sangre, anemia crónica, fotofobia, vello en las palmas de las manos, retroceso en las encías dejando al descubierto los colmillos, etc…
El primer escritor que hizo refencias claras al mito fué Johan Wofgang Von Goethe y su balada ‘La novia de Corinto’ de 1797, le siguió en 1816 con la novela ‘Vampiro’, John William Polidori.
En 1940 nació la obra ‘Varney el Vampiro o la fiesta de la sangre’ de James Malcolm Rymer y hasta Edgar Allan Poe tuvo su momento vampírico con ‘Benerice’. Pero su compatriota Sheridan Le Fanu con la obra ‘Carmilla’ fué su mayor fuente de inspiración además de ‘La rana dorada’ de James Frazer y ‘La Condesa sangrienta’ de Valentine Penrose.
Y llegó la obra magna del vampiro, un libro universal de nombre ‘Drácula’ que desde su primera edición en 1897 tuvo un éxito arrollador.
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Bram Stoker y el Cine
La llegada de la obra de Bram Stoker a los cines fué de la mano de Friedich Wilhelm Murnau, empezando su rodaje en 1921 y estrenándola en 1922 con el nombre de ‘Nosferatu, eine symphonie des grauens’ (‘Nosferatu, El vampiro’ 1922).Murnau adaptó la obra de Stoker cambiando nombres y localizaciones, aunque no consiguió librarse de la viuda del escritor quién un año antes se negó en rotundo a ceder los derechos del libro y emprendió una cruzada legal contra la película, consiguiendo una orden judicial para eliminar todas las copias, por suerte alguna se salvó llegando a nuestros días.
Murnau rodó ‘Nosferatu’ siguiendo el patrón del nuevo expresionismo alemán, dónde las sombras y la luz cobran vital importancia y su actor principal fué Max Schreck convirtiéndose en una referencia para posteriores adaptaciones del conde.
Su maquillaje con rostro cadavérico, manos huesudas con uñas largas, orejas puntiagudas y afilados incisivos no se volvió a ver hasta la adaptación de Werner Herzog de 1979 con Klaus Kinski y la caracterización de la serie de T.V. ‘El misterio de Salem´s Lot’ basada en el libro de Stephen King y dirigida por Tobe Hooper en 1979.
Pero el rostro de Drácula, la cara con la que todos relacionamos al conde más famoso del cine fué, sin duda, la de Bela Lugosi quién en 1930 aceptó interpretar el papel de su vida que de la mano de Tod Bowning llegó a los cines en 1931. La elección de Bela fué un capricho del destino ya que el elegido, Lon Chaney padre, murió de cáncer al inicio del rodaje y Lugosi quién interpretaba al conde en el teatro fué rescatado para pasar a la historia del séptimo arte. Fué tal la implicación del actro húngaro que llegaba a dormir en ataúdes y en sus últimos días enloqueció hasta el punto de morir convencido de que era el propio Drácula en persona.
El regreso a la gran pantalla del vampiro fué en 1936 con ‘La Hija de Drácula’, dónde Gloria Holden interpretaba a la descendiente del conde. Siete años después nos llegó de la mano de Robert Siodmak, ‘El hijo de Drácula’ en 1943 y en 1944 ‘La Zíngara y los monstruos’ con John Carradine aceptando el papel por encima de Lugosi. Un año después Carradine conseguía hacerse con el papel principal en ‘La maldición de Drácula’.
La caja de Pandora estaba abierta y los derechos del vampiro a disposición de todo el mundo, de cada rincón del planeta surgían adaptaciones de la obra de Stoker, con más o menos fidelidad, ‘Drákula Istanbulda’ (Turquía, 1953), ‘Ahlea Kkots’ (Corea del sur, 1961), ‘Mga Manuggang ni Drakula’ (Filipinas, 1967), ‘Batman fights Drácula’ (Japón, 1970), etc…
Su vuelta a Hollywood fué con ‘El regreso de Drácula’ en 1958, dirigida por Francis Lederer y poco después empezó la relación de una productora británica de nombre Hammer con el famoso conde y una primera película ‘Drácula’, dirigida por Terence Fisher en 1958 y protagonizada por Christopher Lee como el conde y Peter Cushing como Van Helsing, pareja que coincidieron en una serie de películas cuyos signos eran presupuestos bajos, decorados baratos y prescindir de efectos especiales, convirtiéndose en las señas de identidad de la Hammer en todas sus producciones. En 1960 estrenaba el director Fisher ‘Las novias de Drácula’ y cinco años después ‘Drácula, principe de las tinieblas’.
Billy ‘el niño’ y Drácula también tuvieron sus momentos en el celuloide con ‘Billy the kid versus Drácula’ de William Braudine en 1966 y con ella el conde invadía el oeste americano con ‘Blood of Drácula´s Castle’ de Al Adamson en 1969, película tan mala que el productor se suicidó al no conseguir el éxito esperado.
La mala calidad de las adaptaciones se convirtió en algo habitual, Carradine interpretó por última vez al conde en ‘Nocturna Grandaughter of Drácula’ de 1979 y la Hammer llevó a la pantalla con relativo éxito taquillero ‘Drácula vuelve a la tumba’ en 1968.
La decadencia de la productora ya estaba en marcha, llegó ‘El poder de la sangre de Drácula’ de 1969, dirigida por Peter Sasdy, ‘Las cicatrices de Drácula’ en 1970 y ‘La Condesa Drácula’ en el mismo año formando parte de los últimos días de la famosa productora británica que hace poco nos dejaba el titular de su regreso al cine, pero eso es otra historia.
En España y dirigida por Jesús Franco nos llegó ‘El conde Drácula’ que en 1970 interpretó Christopher Lee con la novedad del rejuvenecimiento del famoso conde al beber la sangre de sus víctimas. Paul Naschy, el legendario actor español, encarnó a Drácula en 2 ocasiones, ‘La noche de Walpurgis’ de Klimousky en 1971 y ‘El gran amor del conde Drácula’ en 1972. Jesús Franco también volvía a coger las riendas del conde en ‘Drácula contra Frankestein’ en 1972.
‘Drácula 73’ y ‘Los ritos satánicos de Drácula’, ahora si, supusieron el final de la Hammer y de la mano de Alan Gibson las últimas colaboraciones juntos de Lee y Cushing.
En sus muchas variantes llegó ‘Blácula’ en 1972 y ‘Scream, Blácula, Scream’ en 1973, con un principe africano de protagonista. En Inglaterra y de la mano de la productora de ‘Blácula’, llegó ‘Vampira’ en 1974 y ‘Amar al primer mordisco’ en 1979, además de ‘Drácula 1979’ dirigida por John Badham (‘Fiebre de sabado noche’). ‘Nosferatu, vampiro de la noche’, dirigida por Werner Herzog en 1979 e interpretada por Klaus Kinski, fué un sonoro fracaso, al que siguió siete años después ‘Nosferatu, principe de las tinieblas’ con el mismo actor y el mismo éxito. En su versión infantil llegó ‘Una pandilla alucinante’ de Fred Dekker en 1987.
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En 1992 llegó ‘Drácula de Bram Stoker’. Dirigida por Francis Ford Coppola
En 1992 y de la mano del genial Francis Ford Coppola llegó ‘Drácula de Bram Stoker’, la adaptación más ambiciosa e innovadora, además de para muchos de nosotros la mejor obra del mito.
Fué Winona Ryder quién después de leer el guión se lo entregó a Coppola con la idea de rodarla juntos. El realizador no lo dudó un instante y se puso manos a la obra, nunca mejor dicho. El elenco de actores fué acertadísimo, desde Gary Oldman como Drácula, hasta Winona Rider como Mina, pasando por Anthony Hopkins como Van Helsing. Además de Keanu Reeves, Cary Elwes y Bill Campbell.
Sin duda una fantástica película que aunque no respetaba la fidelidad hacia la obra original como induce su título, si pasará a la historia como una genial y preciosista película del famoso Conde Drácula.
De aquí para adelante nada volvió a ser igual, llegaron las parodias de la mano de Mel Brooks, con ‘Drácula, un muerto muy feliz’ y hasta uno de los maestros del terror, como no podía ser menos, Wes Craven no podía dejar pasar la ocasión para versionar al personaje en ‘Drácula 2000’. Stephen Sommers nos dejó una de las últimas versiones del conde en ‘Van Helsing’ en 2004.
Luego llegó la saga literaria ‘Crepúsculo’ y su adaptación al cine con enorme éxito de taquilla que no de crítica. Una saga compuesta por cuatro entregas (la última dividida en dos entregas) que ha arrasado en medio mundo arrastrando a millones de fans a sus pases en las salas de cine.
Seguro que me dejo un montón de películas en el tintero que más o menos nos traen versiones diferentes del mito vampírico, la saga ‘Blade’ con sus secuelas que se nutren del cómic del mismo nombre y hasta Chiquito de la calzada tuvo su versión en forma de parodia insufrible. Además de series juveniles como ‘Buffy’ y ‘Crónicas vampíricas’ y otras no tanto como ‘True Blood’.
Lo que está claro es que el cine se ha nutrido y seguirá nutriéndose de la inspiración literaria de Bram Stoker y su devoción por los misterios de la noche.
Hoy 100 años después su muerte, su criatura, el Conde Drácula es un personaje legendario, inolvidable y querido, siempre que no se acerque demasiado, y sino, ya sabeis, ajo y agua, bendita por supuesto.