Tal, una joven de procedencia francesa y que vive en Jerusalén pasa sus días aterrorizada por los atentados que sufre su ciudad. Un día decide mandar una botella con un mensaje explicando sus sentimientos al respecto y pidiendo al receptor de la misma que conteste a un correo y le cuente donde ha llegado la misiva. Esta carta es recibida por un grupo de jóvenes en una playa de Gaza, uno de ellos contesta, firmando como Gazaman, y a partir de ahí surgirá una comunicación vía email que hará que ambos jóvenes cambien, les haga replantearse sus vidas, sus pensamientos y recelos hasta ese momento sentidos y padecidos hacia el otro pueblo.
Ambos jóvenes sin conocerse y con breves mensajes, van abriendo la mente del contrario haciéndose recíprocamente recapacitar sobre el conflicto que viven, sobre sus metas, sus anhelos futuros, en momentos frustrados por lo que les rodea, la familia, la sociedad y los sucesos caóticos en cada ciudad que no puede dejar indiferente a nadie. Al final, de alguna manera, la sensatez vence y cada uno toma su decisión acertada o no, pero sin dejarse influenciar por nadie, simplemente con sus reflexiones y deseos.
Un cine social necesario para mostrar los problemas interculturales y políticos entre dos países tan cercanos y lejanos al mismo tiempo, alejados por el odio político y religioso que se va trasmitiendo generacionalmente y que en lugar de cortarse se acrecienta, pero aquí nos muestra una mirada de esperanza, de luz, de salida de ese túnel que parece tapado y estancado pero que dos jóvenes se atreven a abrir y cruzar, en momentos dubitativos, pero esperanzados por un futuro mejor.
Son de esas películas que te dejan posos en el corazón y en el pensamiento, que te hacen tener un optimismo dentro del pesimismo realista de la situación que se vive, y pensar que si realmente el ser humano pusiera un poco más de su parte y de sentido común posiblemente todo iría mejor.
Muy bien el detalle de como los hijos, una generación con un futuro y ganas de prosperar, dan una lección de avance y de madurez a los padres, viendo a través de los ojos de sus progenitores lo que están pasando y que realmente no quieren transmitir a sus hijos pero se ven indefensos para poder resolver una situación que efectivamente no está en sus manos o ¿sí?.
El director ha mostrado muy bien las diferencias que existe entre cada una de las ciudades que representan la situación, así como las culturas, y su día a día. Sobre todo lo que me pareció espectacular fue la secuencia que muestra como se comunica una ciudad con la otra y los trámites a seguir para pasar, eso no es una frontera, y más que un muro parece la salida de una cárcel, la verdad que sorprende e intimida.
La dirección corre a cargo de Thierry Binisti y es una adaptación del libro de Valérie Zenatti, ‘Una botella en el mar de franja de Gaza’; el guión se realizó entre ambos. El director quería mostrar que la realidad de Israel es más que la guerra, que los habitantes también quieren vivir, soñar y enamorarse como el resto del mundo.
Como reparto tenemos a Agathe Bonitzer en el papel de Tal, joven que lleva ya una gran carrera dentro del cine francés, Mahmud Shalaby como Naïm (Gazaman) y Hiam Abbass como Intessar, la madre de Naim, esta última con más repercusión en nuestras pantallas habiéndola visto en ‘Los limoneros’ y ‘The Visitor’, todos ellos con unas interpretaciones muy buenas.
Con esta película he recordado una poesía que me enseñaron en el colegio y que engarza muy bien con el mensaje que a mí me ha llegado del guión:
‘Querer es poder,
poder derribar un muro
que por enorme y oscuro
te hace pensar… no podré
y poder’.
Ojalá en un día no muy lejano estos dos pueblos quieran y así podrán arreglar sus diferencias.
