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Crítica de Reverso

Póster de Reverso

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Lástima que una historia con posibilidades se vea malograda por la inexperiencia y la impericia de sus responsables.

Carlos Martín, el director de Reverso, cita como referentes de su ópera prima en el largometraje a títulos como Tesis, La prueba del crimen, Seven, El protegido, Intacto y El club de la lucha. No obstante, después de ver su filme, solamente los dos últimos, la cinta que catapultó internacionalmente al realizador canario Juan Carlos Fresnadillo y la adaptación al cine de la novela de Chuck Palahniuk que realizara el estadounidense David Fincher, parecen influencias evidentes en el debut del madrileño. Habría que añadir también un clásico de culto de los primeros setenta: El otro, la cinta de Robert Mulligan basada en el libro homónimo de Tom Tryon, donde se abordaba la relación encontrada entre dos hermanos.

Reverso sigue los pasos de dos hombres unidos por lazos fraternales que llevan desde la infancia retándose a unos peligrosos juegos que han puesto en peligro su integridad física. El mayor de ellos decidió alejarse del hermano pequeño después de sufrir un accidente en una de esas arriesgadas apuestas. Sin embargo, la reaparición del más joven iniciara de nuevo la serie de prácticas mortales.

Lástima que una historia con posibilidades, aunque no precisamente original, se vea malograda por la inexperiencia y la impericia de sus responsables. El primer error lo encontramos en la elección de los dos actores protagonistas. Iván Hermés abusa en exceso de las miradas intensas al hermano ‘bueno’, mientras que Raúl Mérida resulta demasiado blando en el papel del ‘malo’ de la fraternal pareja. Lo mismo se puede decir del trío de maleantes que se verá las caras con tan peculiar dúo, que encarnan unos patéticos Nelson Dante, Axier Raya y El Chojín.

A todo ello hay que añadir una fea fotografía de tonos amarillentos y un giro final que el espectador más avispado verá venir desde casi el comienzo. Además, el particular recurso ya ha sido utilizado en tantas ocasiones que resulta casi un tópico dentro del thriller psicológico. Por si fuera poco, el propio título del largometraje da demasiadas pistas de una supuesta sorpresa que desgraciadamente no logrará asombrar al cinéfilo que se precie de serlo.

Pese a las muchas debilidades del largometraje, sería injusto no destacar el trabajo de la bella Elena Ballesteros, que aporta sensibilidad al desdibujado personaje de la esposa del hermano mayor, y la veterana Mariana Cordero, brillante en su brevísimo rol de madre adoptiva de la fraternal pareja protagonista.

En resumen, Reverso es un fallido pastiche que aglutina elementos de diversos largometrajes sin estar en ningún momento por encima o añadir nada verdaderamente nuevo respecto a sus referentes más evidentes. Carlos Martín, autor de los premiados cortos Injusto y Casa, se limita a copiar a sus adoradas influencias sin tener la pericia ni los medios económicos para acercarse siquiera a los resultados de las películas que le sirven como modelo.

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