Puntuación:
Susanne Bier ofrece un producto impersonal, empalagoso como comedia romántica y lacrimógeno como drama.
En 1998, el actor metido a director Griffin Dunne estrenó como realizador Prácticamente magia, un vehículo estelar para dos actrices de moda en esos momentos: Sandra Bullock y Nicole Kidman. La cinta mezclaba de manera orgánica elementos de comedia romántica, fanástico y drama con un mensaje feminista mal digerido. Así se nos contaba la historia de dos chicas, pertenecientes a una larga saga de brujas, que vivían con sus tías y tenían que afrontar una terrible maldición: todos aquellos hombres de los que se enamoraban acababan bajo tierra. La producción no fue un fracaso, pero tampoco un éxito arrollador. Sin embargo, los sucesivos pases por televisión la han convertido en una película de culto.
Hollywood, siempre dispuesto a sacar rédito de la nostalgia, nos ofrece una tardía secuela con el título poco original de Prácticamente magia 2. La dirección recae en la otrora prestigiosa Susanne Bier, conocida especialmente por Después de la boda y En un mundo mejor, que últimamente se ha refugiado en la televisión estadounidense como realizadora de episodios de series. Su labor es tan correcta como anodina, reflejando que nos encontramos ante un tipíco producto impersonal de usar y tirar.
El guion reúne todos los elementos de la anterior, aunque es cierto que están algo mejor dispuestos que en su precedente. Todo vuelve a girar respecto a la par. El resultado es tan ñoño e intrascendente como su predecesora. Bullock aprovecha para hacer sus habituales mohínes en una película que está hecha para reverdecer laureles como heroína romántica, aunque en este caso otoñal, mientras que Nicole Kidman hace lo que puede con un papel bastante más desdibujado que su compañera. Para ampliar audiencias, los guionistas han incluido a las dos hijas del personaje de Bullock, encarnadas por las correctas Maisie Williams y Joey King, que parecen una suerte de versión moderna de lo que fueron su progenitora y su tía en la primera entrega. Por su parte, Dianne West y Stockard Channing, repitiendo en el papel de las tías brujas de las protagonistas, hacen lo que pueden en unos papeles de comparsa prestigiosa.
En resumen, Prácticamente magia 2 da exactamente lo que promete: una película con elementos románticos, una pizca de melodrama llorón y otro poco de fantasía, aunque los efectos visuales parezcan más de una mala serie B. El mejunje evidencia que nos encontramos ante un producto empalagoso y pueril, consiguiendo que sea tan floja como la primera entrega. Tampoco se esperaba más, aunque hubiera sido recomendable que sus responsables no tardaran más de dos horas en contarnos esta nadería.