Puntuación:
Aritz Moreno dirige con estilo y pulso el biopic de la deportista Sandra Sánchez.
Sorprende comprobar que el director donostiarra Aritz Moreno, el autor de la muy singular Ventajas de viajar en tren, se encuentre detrás de un producto aparentemente más convencional como Karateka. Si en aquella se encargaba de llevar a buen puerto la adaptación de la muy extraña novela homónima de Antonio Orejudo, un singular juego de muñecas rusas que no dudada caer en los inverosímil en una trama deliberadamente demente, aquí nos encontramos con un sólido biopic de maneras clásicas sobre Sandra Sánchez, la deportista española que se convirtió en un mito de las artes marciales.
El modelo es claro: el drama de superación tan querido por el cine y la televisión norteamericanos. Así asistimos a una oda al esfuerzo y la capacidad para superar obstáculos aparentemente insalvables. No obstante, a diferencia de otros títulos de similares características, la película se distancia de gran parte de ellos en un importante matiz: no todo vale para conseguir el objetivo deseado y los valores como persona deben estar por encima del fin, aunque a pesar de ello puedan retrasar el éxito. Por otra parte, quizá de manera un tanto apresurada, se muestra la presión mental a la que se ven sometidos la mayoría de los deportistas de élite, un elemento especialmente presente en la rival japonesa del personaje principal.
Moreno sabe imprimir ritmo a la historia y empaque visual lo suficientemente estimulante para que la película no caiga en el vulgar telefilme. Por otra parte, dirige de manera eficaz a sus dos actores principales: Andrea Ros, que se deja la piel para emular de manera más que verosímil los movimientos de la biografiada. además de aportarle la humanidad necesaria, y Patrick Criado, como el entrenador reticente en un primer momento a formar a su particular alumna. Ambos logran, además, tener la química necesaria como para hacernos creer que su relación profesional se irá convirtiendo en algo más íntimo y personal.
Tal vez, como en tantos ejemplos del subgénero, se idealice un tanto a los protagonistas, aunque estemos lejos de las vidas de santos tan propias de Hollywood, además de espectacularizarse solamente lo estrictamente necesario el argumento para reflejar la historia de una karateka que tuvo que salir adelante sin el apoyo inicial del equipo nacional por la inquina de uno de los responsables de la selección.