
La historia suena a relato de Stephen King, un paciente en una operación en plena anestesia recupera la consciencia pero sin síntomas externos, con lo que sufre todo el dolor sin poder avisar, vaya mal rollo, a pesar de repetido lo mejor de toda la cinta.
Hasta aquí todo bien, el despropósito empieza cuando se quieren justificar los más de 90 minutos del metraje, con giros mal ejecutados, lagunas en la trama y un desarrollo miedoso y excesivamente pausado.
En una historia donde según pasan los minutos más se difumina la credibilidad, recurriendo al recurso de la sorpresa para justificar todo lo demás, no cuela.
La película como entretenimiento palomitero aprueba, se deja ver si te gustan los thrillers y al final sorprende aunque suena a rebuscado.
Después de vista se va de la memoria en un suspiro y se olvida igual de rápido. No la recordarás, pero tampoco se hizo para eso. Tu eliges.
Rafael Calderón Luna.
