
Y no solo original porque el guión lo sea, que lo es, sino por que la manera de enfocar la trama, de mover la cámara es propia, tiene identidad y para lo bueno y lo malo el equipo de directores asume unos riesgos impropios de novatos de los que salen a flote.
Quizás falte credibilidad en algunos momentos donde el guión se enmaraña, se retuerce pero sobrevive, no sin algún rasguño. Y sobretodo en un final cogido con alfileres en el que deseas que no te dejen con mal sabor de boca, después de comerte un buen bocado. Lo consiguen aunque solo a medias.
La sorpresa radica en lo que no te esperas y lo agradable en lo esperable, no hay desentones aunque si algún vacio interpretativo y algún actor que no está a la altura.
Una gran sorpresa del cine patrio que demuestra que está vivo, que aún quedan genios en el gremio, a parte de los Almodóvares y Amenábares, que hay originalidad y ganas de hacer las cosas bien. Y con originalidad y ganas se llega muy lejos, solo hace falta que las productoras confíen más en los jovenes noveles con ideas nuevas y no en carcas retrógrados que se piensan que con su nombre lo tiene todo hecho. Dicesé de Garci y sus secuaces.
Un aplauso para Piedrahita y compañia y espero con ansiedad su siguiente trabajo. Que conserven el punto de frescura y atrevimiento que son imprescindibles para mantener en cine español a la altura que todos deseamos.
Cine entretenido, que con un punto más de credibilidad y claustrofobia hubiera sido un clásico del género. Con sus defectos, recomendable.
6,5 sobre 10.
Rafael Caldderón Luna.
