
Cuando Disney se toma en serio un proyecto los dibujos dejan de serlo para convertirse en poesía y dejarnos algunos de los momentos inolvidables del cine y este tierno robot llamado WALL-E, mezcla de Johnny 5 y E.T. convence, nos lo creemos y nos entretiene a partes iguales. Desde el primer minuto hasta el último el ritmo de la acción en esta aventura romántica es imparable, en momentos en exceso acelerado sobretodo en el tramo final.
Y es que esta historia de amor entre 2 robots es una oda al romanticismo, una demostración de que el sentimiento universal no entiende de fronteras, ni de razas, ni de chips, sobretodo cuando el proyector se enciende y se pone en marcha la máquina de los sueños.
Volviendo a una película dirigida magistralmente por Andrew Stanton, con experiencia en el género (‘Buscando a Nemo’, ‘Bichos’) pero nunca con tanto acierto, con un guión digno de mención, aunque como he dicho antes por momentos acelerado, y un montaje magnífico, solo la aparición del ser humano desvirtúa la cinta sin sacarla de la maestría a la que Disney ya nos tiene acostumbrados.
Es dificil lograr un resultado tan satisfactorio sin la utilización de la palabra, sobretodo en unos primeros 45 minutos con tanto fondo y tanto riesgo poniendo en juego unos personajes dificiles de olvidar. La segunda mitad de la película , sin dejar de ser buena, es más plana, más lineal y menos lograda aunque en un final bien ejecutado las ganas de levantarte de la butaca y aplaudir se conservan y se amplifican dejando un muy buen sabor de boca.
Stanton tiene trabajo para muchos años por que lo hace bien, muy bien, pero sobretodo la Disney, la eterna diosa de la animación, nos vuelve a dejar boquiabiertos resurgiendo en un lugar del que hace muchos años que nos desciende, el número 1.
8,2 sobre 10.
Rafael Calderón Luna.
