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Shame. Cuando la provocación y el exceso se transforman en arte

El 17 de febrero se estrena en nuestro país la última película de Steve McQueen, protagonizada por un Michael Fassbender solicitadísimo desde que el gran público le re-descubriera en ‘X-men: Primera generación’, aunque ya le habíamos visto en ‘300’ y ‘Malditos bastardos’, así como en la aclamada serie de TV ‘Hermanos de sangre’. Nosotros hemos tenido la ocasión, gracias a la maravillosa gente de Sensacine de disfrutar antes que nadie de esta excelente película.

Respecto al británico Steve McQueen, debutó con la irlandesa Hunger, que no se ha llegado a estrenar en nuestro país, también protagonizada por Fassbender.

En lo que concierne a ‘Shame’, la historia trata de Brandon (Michael Fassbender), el cual es un treintañero neoyorquino con serios problemas para controlar y disfrutar su vida sexual. Se pasa el día viendo páginas pornográficas y manteniendo contactos con solteras de Manhattan, cuando no frecuenta la compañía de prostitutas o practica el onanismo, con el fin de intentar frenar un apetito sexual infinito. Su vida se tambalea cuando, sin previo aviso, va a visitarle su hermana (Carey Mulligan), con la que nunca se han llevado bien, además de que ninguno comparte las aficiones del otro.

‘Shame’ es cuanto menos excesiva, apabullante, te desborda y te deja sin aliento. Fassbender se come la pantalla, y todos parecen juguetes rotos a su alrededor. Es muy dura, muy realista y  también descarnada. El director se vuelca en Brandon de forma tan agobiante y exhaustiva que casi llegas a respirar a la vez que él, con planos casi claustrofóbicos y secuencias vibrantes y eternas, aunque tan llenas de emociones que te impiden parpadear.

La película es Brandon, y tanto director de cine como protagonista lo saben, y juegan con ello; sólo una gran Carey Mulligan (siempre a la sombra) puede hacer frente a un Michael Fassbender en estado de gracia (¿No hay nominación al Oscar para él? Incomprensible…).

La película se vuelve cada vez más retorcida, demencial, llegando a tal límite que la amas o la odias, sin ningún punto intermedio, siendo difícil cualquier otra concepción. El film es arriesgado, pero con ingredientes de muy buena calidad, puesto que convierte lo que puede parecer escatológico, excesivo o pornográfico en sentimientos, realidad y calidad.

Es una película imprescindible, pero no creo que me atreva a volver a verla; sólo unos pocos valientes serán capaces de disfrutarla más de una vez.

Lo mejor: Michael Fassbender y una dirección arriesgada y aplaudible

Lo peor: Demasiado excesiva, sexual y cruda; más de uno abandonará la sala. Pero quien se quede disfrutará con ella.

Crítica escrita por nuestro colaborador Eduardo Quintana.

Nota: 8 sobre 10.

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