El director canadiense Ken Scott ha demostrado a lo largo de su carrera que tiene un talento especial para provocar en el espectador la sonrisa y la carcajada. Su primer gran éxito internacional fue Starbucks, la historia de un padre que descubre la gran cantidad de hijos que nacieron de sus donaciones de esperma. Ahora aborda la relación entre una madre amantísima y su hijo, nacido con una discapacidad, del mundo exterior. Basada en un hecho real, el largometraje ha sido un exitazo en Francia, donde más de un millón y medio de espectadores ya han acudido al cine a verla.
Aprovechando su visita a nuestro país para promocionar el filme, Scott nos concedió una entrevista en el que desvela las claves de su emotivo último trabajo.
¿Qué ocurre para que un proyecto que te llega a través de la productora Gaumont te interese tanto como para que dejes de lado otros que tenías en mente?
Era el año 2022 cuando me reuní con Gaumont, que tenía los derechos del libro, en el Festival de Cine Alpe d’Huez y me invitaron a que considerara dirigir la versión para el cine. Me pidieron que lo leyera para ver si estaba interesado en adaptarlo. Lo leí de corrido la primera vez, sin dejarlo, y lo volví a leer. Pensé que en la historia de Roland Pérez había todo lo que yo había buscado. Había un gran drama, personajes fantásticos, y también una gran comedia, aunque se trata de una historia muy seria sobre una madre que ayuda a su hijo a liberarse de una discapacidad física. También me daba la posibilidad de explorar las relaciones complejas entre madres e hijos. O sea que era una historia muy específica, por la minusvalía, y porque es en el París de los años sesenta. Todo era muy específico, pero pensé que había algo muy universal en esa historia, y eso es lo que me interesó.
Me parece curioso que dirigieras Starbuck, la historia de un padre que descubre que tiene muchos hijos porque donó esperma cuando era joven, y ahora hagas la historia de una madre amantísima. ¿Tienes alguna obsesión con los padres y las madres?
Creo que sí. De hecho, no me di cuenta cuando acepté este proyecto hasta que empecé a trabajar en él. Pero evidentemente hay algo, aunque no intento pensar en por qué quiero hacer un proyecto. No lo pienso muy profundamente. Voy hacia donde creo que instintivamente tengo algo que decir, y pensé que tenía algo que decir sobre la familia porque Starbuck fue la exploración de la figura del padre.
Respecto a Érase una vez una madre, me choca un poco a veces el tono de la película. Al principio es como un cuento y luego se va volviendo un poquito más oscura. ¿Era tu intención partir de una comedia muy luminosa para que después se fuera volviendo más dramática?
Sí, quería que la historia tuviera un buen equilibrio entre el drama y la comedia. Está dividida en dos partes muy distintas. La primera parte es la historia de una madre que hace todo para ayudar a su hijo a librarse de su minusvalía. En la segunda tenemos a un hombre joven que se hace adulto y tiene que liberarse de la madre. Por lo tanto, son dos partes, pero se reflejan una en otra y sirven para ayudarnos a tener un conocimiento profundo de la historia que se está explicando. Es una estructura compleja y he disfrutado mucho trabajando en ella.
Podemos ver ciertos puntos comunes con La vida es bella. Estamos hablando de dos películas sobre un progenitor que intenta que su hijo vea las cosas de manera lo más positiva posible, protegiéndole del mal del mundo exterior.
Sí, sí, sin duda puede haber puntos en común con esa película en el tono. Es un filme sobre un progenitor que intenta que su hijo vea las cosas de manera lo más positiva posible. Es poética y aúna comedia y drama. Sin duda, fue una influencia en mí y me parece acertada la comparación.
Tus películas son muchas veces definidas como feel-good movies. ¿Qué te parece? En algunos casos se utiliza con cierto tono despectivo.
Me encantan las películas feel-good cuando están bien hechas y cuando cumplen su objetivo. A veces es un término que se utiliza de un modo que no me gusta, pero las feel-good movies te hacen sentir bien en el sentido de que te afectan de un modo emocional. He tenido la suerte de ver esta película muchas veces con distintos públicos y la gente ríe y llora. Y si eso es una feel-good, sí, eso es lo que quería hacer porque llorar es algo de lo que muchos disfrutan también. Y casi en cada ciudad donde hemos presentado la película, en Francia, hubo por lo menos una persona que levantó la mano al final de la película para comentar que lo primero que había querido hacer al salir del cine era llamar a su madre. Así que me parece que es una película que hace que la gente sienta algo, y eso es fantástico.De eso deberían tratar las películas que se ven en el cine. Estoy sentado en una sala aislado del resto del mundo dos horas y rodeado de 200 personas que viven las mismas emociones que yo, y eso amplifica mis sentimientos. Estoy muy contento que sigamos haciendo películas así.
Eres un fan del cine de Billy Wilder. ¿Qué piensas que hay del maestro austriaco en tu cine?
Intento crear un equilibrio entre la comedia y el drama. Trato de hacer que mis películas sean tan cinematográficas y elegantes como las suyas. Siempre he pensado que su cine es muy elegante, aunque hiciera comedias. A veces se olvidan un poquito las posibilidades cinematográficas. He intentado explicar una historia a través de todas las elementos que el cine nos ofrece. Creo que eso es lo que más me ha inspirado.
La música es evidentemente un elemento principal en tu película. No sólo por las canciones de Sylvie Vartan, sino también por otros temas anglosajones. Creo que en este trabajo has hecho un balance en tus dos mundos de los que provienes, el anglosajón y del francés. Cuéntanos un poco sobre la elección de la banda sonora.
He trabajado con Nicolás Errera, compositor con el que he colaborado en muchas de mis películas, y sí quería que la música fuera un elemento importante en la película. Por ejemplo, en el caso de las canciones de Sylvie Vartan, he intentado asegurarme que cada vez que hubiera una tema de ella la utilizásemos de un modo distinto. En algunos casos es una reinterpretación acústica de ella cantando o, como en el un piso, con todos los vecinos y familia que empiezan a interpretar una canción. Cada vez que uso los temas no son sólo canciones de Sylvie Vartan, sino que intento utilizarlas cada vez de distinta manera.
¿Cómo fue trabajar con Sylvie Vartan, toda una leyenda de la música francesa?
Ella es muy amiga de Ronald Pérez, el autor del libro y el protagonista de la historia, y estaba muy interesada en participar en la película por amistad. Además, ha tenido una carrera fantástica como cantante, es un icono, y le hubiera encantado tener una carrera como actriz también. Así que estaba más que contenta de estar en la película.
¿Por qué has decidido mantener a la misma actriz para la juventud y luego ya para la vejez? ¿Por qué decidiste no coger a dos actrices distintas?
Probamos con distintos actores para Roland. Cogimos varios actores para que interpretarle en las diferentes edades, pero en el caso de la madre, que tiene en la película entre 35 y 85 años, era posible la actuación de una sola interprete y con ayuda del maquillaje para hacerla envejecer. Una misma actriz crea una mayor vinculación para el público con el personaje, con la película y con la historia. O sea que la impresión emocional era mejor si teníamos una actriz.
Tal como está la situación actual con el conflicto entre Israel y Palestina, ¿ha habido algún tipo de reacción en contra de la película por estar protagonizada por judíos?
Estamos muy lejos de nada político con la película. Los temas son mucho más sociales, como las relaciones de madres e hijos o la inmigración.
Has trabajado tanto en Hollywood como en Europa, ¿cuál es la diferencia principal entre ambas formas de trabajar?
Yo siempre escojo mis temas y acabo eligiendo a personas que tienen las mismas ambiciones que yo. Por lo tanto, escojo también equipos que se me parecen. Al final los equipos son los mismos, vaya donde vaya.Evidentemente, si estás en Estados Unidos, pues tienes presupuestos más elevados y mejores subvenciones, por lo tanto, pues hay más lujo, más camionetas o roulottes o lo que sea, pero al final del día estoy con la cámara, los actores, un diálogo y una puesta en escena. Y eso es lo mismo, vayas donde vayas, tanto si el presupuesto es grande como pequeño. Por ejemplo, hice el remake mi película Starbuck, que se títuló ¡Menudo fenómeno!. Es la misma película, pero con una tenía un presupuesto de 5,6 millones y con la otra veinte.
A lo mejor los hoteles son más bonitos o el restaurante es mejor, pero al final estás trabajando con actores y supongo que eso es lo que buscas al final como director: trabajar con actores e interactuar con los equipos de rodaje.
He tenido mucha suerte con los equipos de rodaje en Francia, en Quebec o en Estados Unidos. También tuve unos equipos maravillosos en la India, lo que ha sido una experiencia increíble. Pero para mí lo fantástico en estos viajes y estas diferencias es que salgo de todas estas experiencias habiendo aprendido mucho. Y eso es lo que es fantástico de mi trabajo, que cada proyecto en el que trabajo aprendo.