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Crítica de El Niño. Poca cosa

El director español Daniel Monzón había demostrado nervio y verdad en Celda 211, algo en lo que en esta película naufraga.

En El Niño resultaba interesante ver qué había hecho Daniel Monzón con un tema tan apasionante como el paso de droga de Marruecos a España. Tenía las credenciales que le había otorgado la vibrante Celda 211, uno de los dramas carcelarios más brillantes que se recuerdan en la pantalla nacional. La historia de Malamadre (Luis Tosar) encandiló por su nervio y verismo; por saber transmitir la asfixiante atmósfera en la que se mueven los presos y por conseguir trasladar al espectador la inquietud que provoca sentir cerca la violencia.

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No han ahorrado los guionistas en documentación, eso seguro, y la historia resulta verosímil en su contextualización social y cultural pero El Niño no tiene ni la hondura, ni el nervio ni la verdad que su predecesora. ¿Por qué? Quizá porque Monzón dilata la historia demasiado, entreteniéndose en preliminares vacuos como la propia e inerte historia de amor, explicada en cuatro retazos más hilvanados; quizá porque la enjundia, o sea, la acción pura y dura, lo interesante, ocupa sólo los últimos tres cuartos de hora de las 2 horas y media de metraje; quizá porque Jesús Castro, por muchos ojos azules que ponga a lo Paul Newman, no es Luis Tosar y su discreta interpretación reste calado al personaje; quizá porque el brillante Jesús Carroza nos ofrezca un insoportable personaje tonto de cajón o quizá sea porque la historia se entretiene demasiado en sentirse importante y pierde potencia. Muchas vueltas para poco.

El Niño posee una factura visual envidiable y un buen montaje de las escenas de acción pero eso es como el valor en el ejército, ya se le supone. Lo que da verdad a una película (interpretación, diálogos, coherencia en el relato, profundidad) se pierde como un saco de coca en el mediterráneo.

Muchas expectativas, demasiados anuncios y poca chicha para llevarse a la boca en este El Niño que prometía mucho y, en realidad, es poca cosa. Tan de cartón piedra como el flequillo de Luis Tosar.

Lo mejor: Las escenas de acción entre lancha y helicóptero

Lo peor: La poca profundidad de los personajes y las deficientes interpretaciones principales, no las secundarias.

Ficha de la película

Acerca de Juan Pablo Beas

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