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Crítica de 45 años

Un drama sincero desde la narrativa y la interpretación, que cautiva desde el primer plano.

Puede que el director Andrew Haigh ya nos atrapase con su trabajo de guion y dirección en Weekend hace unos años, pero con su último trabajo se ha superado, en 45 años, muestra una madurez narrativa que sorprende en cada plano.

Crítica de 45 años

Pocas veces 90 minutos contienen tanta intensidad emocional como lo hace 45 años, reflejando como en solo en unos pocos días todo puede pasar de color de rosa a casi la indiferencia de la persona más querida en toda una vida. Un recorrido humano y diseccionando los sentimientos que se deshojan en cada escena como si se tratase de una operación a bisturí a corazón abierto, pero todo en lo terreno emocional y plasmado con la mayor de la sensibilidad posible.

Kate y Geoff Mercer van a celebrar su 45 aniversario de su boda, y se encuentran en la vorágine de los preparativos de la fiesta que quieren dar. Unos días antes de esta fecha tan señalada Geoff recibe una carta, donde se le comunica que se ha encontrado el cuerpo de su primera novia, congelada e intacta en un glaciar de los Alpes suizos. Ahora ya solo queda que pasen cinco días, celebrar y que esa carta no haya cambiado nada entre un matrimonio que ha vivido una vida plena y feliz o ¿no?

45 años son de esas películas que te dejan huella, bien marcada y mucho más con el paso de los días, recuerdas los gestos y miradas de los personajes, tan bien interpretados por Charlotte Rampling y Tom Courtenay, dando un empaque impresionante al guion y a los giros que van cobrando los días y las conversaciones que tienen y que no tienen ese matrimonio tan compenetrado a primera vista, pero que se desmorona a la primera de cambio por una simple falta de confianza por algo que ocurrió más de 45 años atrás.

Y uno se pregunta, ¿puede algo del pasado, que ya no volverá, romper lo que queda del futuro con el gran presente que se tiene? Pues tal y como lo plantea aquí, sí y como se suele decir y como se enfoca, los recuerdos y el corazón no se pueden controlar ni medir sus emociones.

Calcular el alcance de cada acto es imprevisible y la naturalidad aquí es desbordante, por parte del marido se deja arrastrar por el anhelo y lo que vivió, y por otra parte la mujer por lo que le come por dentro después de notar la distancia de su propio marido en días tan importantes, pero quizá el descubrir algún que otro secreto también le haga recomponer el puzle que haya sido su vida.

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Por ello el director Andrew Haigh ha sido muy sutil en todo el desarrollo del guion dando pinceladas de las connotaciones emocionales que contenían cada cambio, cada semblante y cada reacción de los personajes. Todo además está ambientado con una gran sobriedad para que realmente sobresalga lo que interesa, lo que parte del corazón y de las emociones escondidas detrás de esas dos facciones que cambian en el trascurso de esos cinco días, que son cinco capítulos a cuál de ellos más intenso.

Un drama sincero desde la narrativa y la interpretación, que cautiva desde el primer plano, con una gran combinación musical que finalmente acaba siendo una parte importantísima para el guion pues lleva implícita en cada canción mucho de lo expuesto y de lo interpretado.

 

 

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