Reinventarse o morir, eso debe ser el lema de las distribuidoras de cine que últimamente crecen en imaginación y programan eventos para el público cinéfilo que cuadre con la temática de cada una de sus películas. Esta vez AltaFilms y los cines Renoir convocaron a sus seguidores para el preestreno de “La parte de los ángeles” con una posterior charla y cata de whisky (BalBlair). Además todos aquellos que fueran con Kilt (falda escocesa) tenían acceso gratuito al evento.

Banner de La Parte de los Ángeles.

Robbie es un joven sin trabajo y destinado a hacer trabajos sociales por unos delitos que ha cometido. Además ahora va a ser padre y la futura madre le ha dado un ultimátum dejar sus malas compañías y así poder hacer una vida en familia sin problemas. Pero la vida se le hace muy cuesta arriba y aunque el busca la reinserción no ve salida para encontrar una estabilidad económica para su futuro. Por medio de un trabajador social, conoce los artes de los catadores de whisky y ese mundo le atrae, se pone a profundizar más en ello, pero al final acaba cayendo tropezando con la misma piedra, un plan de robo.

Aquí es cuando aparece el guiño de la película a la ironía que el director pone en Robbie y sus situaciones con el whisky para sacar de una trampa de otros un futuro para él, aunque todo empezara casi como un delito.

Ken Loach profundiza de nuevo en un cine social con un mensaje de esperanza para todos aquellos que no ven una salida a corto plazo, a una situación de vida marginal que se expande a mucha gente, sobre todo si nos metemos como lo hace el director en barrios más desarraigados. Pero con el humor británico que le caracteriza nos brinda una comedia con muchos tintes dramáticos sin caer en el derrotismo y sacando la parte positiva de las cosas. Guiño y metáfora con el título hacia el whisky y hacia las protagonistas que no sabríamos a cuál de ellos llamar ángeles.

Diferencia bien, el bien y el mal pero hay momentos que los mezcla, ya que la línea que les separa es tan fina que los personajes dudan en qué lado están o pueden estar. Pero siempre con carácter positivo y todo en tono irónico, las conversaciones van en esa línea, cortantes pero directas, y os aseguro que os sacarán más de una sonrisa.

La charla y cata de whisky corrió a cargo de un representante de la destilería Balblair, la cual aparece en la película, y los espectadores asistentes pudimos oler y probarlo después de haber disfrutado de la película.

Nuestra colaboradora Susana Peral.

El whisky parte de la cebada mezclada con el agua, destilado es un líquido blanco. El azúcar ya fermentado en alcohol pasa a unos 17 grados, para llegar a los 40 que puede alcanzar este licor, se calienta en los alambiques, que es una olla presión; el alcohol es mal volátil que el agua, se evapora a unos 60 grados y el agua a 80, y el producto de condensación se canaliza por unos tubos el cuál se enfría, se condensa otra vez el alcohol puro que sale a 80 grados y se rebaja con agua.

No explicaron porqué el color de este licor. Es debido a la madera y es lo que le da carácter, porque se macera en este material. Balblair se diferencia de otros whiskies en que es un producto de añada, es como si fuera un vino, el tiempo que pasa en madera depende de la añada.

Para catar el whisky no hay que meter la copa en la nariz, solo hay que pasarla de un lado hacia otro, pero nunca dejarlo fijo. La copa debe ser pequeña con volumen abajo y boca muy estrecha. No hay que respirar demasiado. Para probarlo hay que tragar el destilado y soltar el aire, para no quemar la tráquea. Sólo hay cuatro sabores que puedan utilizar como definición: dulce, salado, amargo y ácido, y además se utiliza el término umami cuando unifica los cuatro sabores.

Lo que más me gustó de la charla es la comparación de los licores con el resto de matices de la vida: “Hay tres cosas fundamentales para catar todo en esta vida, incluidas las personas, las experiencias o una película, que son EQUILIBRIO, COMPLEJIDAD Y PERSISTENCIA; si una cosa está equilibrada nos gusta, si es compleja nos gusta más que si es superficial y luego la persistencia si se te olvida al día siguiente no perdura con lo cual no era bueno”. Toda una reflexión y una metáfora en sí como la propia película y la vida misma.

Si os gusta el whisky, os queréis recrear un rato y además divertidos, simplemente ver la película y sabréis la relación del título de la película con este licor, os sorprenderá.