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Oliver Hardy, medio siglo después, sigue haciendo reír a gordos y flacos

pic.jpg Con su sombrero hongo, su bigote minúsculo y los botones de la chaqueta a punto de estallar, Oliver Hardy hizo reír a millones de espectadores asediados por la depresión y la guerra y aún hoy, 50 años después de su muerte, su tierna estampa de niño grande sigue provocando carcajadas.

El 7 de agosto de 1957 moría en Hollywood uno de los gordos más populares de la historia, con permiso de Sancho Panza, a los 65 años, tras una carrera cinematográfica que suma más de 400 títulos, entre ellos un centenar de películas con su inseparable Stan Laurel, la mejor pareja de la historia del cine, como sostiene Lluís Bonet Mojica en “El cine cómico mudo”.

Su cine, a juicio de los críticos, no ha envejecido y sigue haciendo reír. Como escribió Manuel Vázquez Montalbán, no hay que olvidar que el cine nació mudo y cómico. Fueron precursores, el Gordo y el Flaco, de los gags con pastelazos, tortazos, pieles de plátano, pantalones súbitamente caídos, policías atribulados, mangueras descontroladas y autos que arrancaban a destiempo a vuelta de manivela, ante la mirada atónita de dulces damiselas. pic2.jpg

Sería imposible cuantificar las veces que el Gordo se caía al suelo, se manchaba de hollín o quedaba en calzones ante la angelical mirada del Flaco, el desencadenante de todos sus males. “Basaron su comicidad en el contraste físico y psicológico, desempeñando Hardy el papel de ´listo´ y Laurel el de ´tonto´”, según Roman Gubern.

El Gordo nació como Norvell Hardy en Harlem (Georgia) el 18 de enero de 1892 en una familia de origen inglés y escocés. Hijo de un abogado, despuntó ya de niño como cantante y, aunque tenía querencia por el escenario, siguió los pasos de su padre, quien había fallecido cuando Oliver sólo tenía diez meses, estudiando Derecho. La llamada de las tablas le apartó finalmente de las leyes y, tras montar una sala de cine en la localidad georgiana de Milledgeville, se lanzó al mundo del espectáculo enrolándose en Jacksonville (Florida) en la compañía de Lubin antes de dar el salto a Hollywood. Protagonizó su primera película en 1913, “Outwitting Dad”. Le seguirían más de 400 trabajos a lo largo de 37 años. Conocido en su primera etapa en solitario como Babe Hardy, en ese primer filme adoptó el nombre con el que luego pasaría a la historia: Oliver (en honor a su padre) Hardy, aunque hasta su asociación con Laurel en 1926 siguió apareciendo en más de 200 títulos con el cariñoso apelativo de “Babe”, en papeles de malvado o de gordo gracioso.

Aunque ya coincidió con Laurel en “A lucky dog”, en 1917, no formarían pareja cómica hasta 1926, cuando empezaron a desternillar de risa a un mundo entreguerras en “Forty five minutes from Hollywood” y, ya como tándem oficial, en “Slipping wives”. Su primer largo llegaría cuatro años después, con “Pardon us”. Entre 1926 y 1945 rodaron juntos 72 cortos y mediometrajes, así como 22 largos, tanto mudos como sonoros, según la relación de Paco Ignacio Taibo I en su Enciclopedia del Cine Cómico. Títulos como “De bote en bote”, “Fra diávolo”, “El abuelo de la criatura”, “Marineros a la fuerza”, “Compañeros de juerga”, “Dos fusileros sin bala”, “Dos pares de mellizos”, “Laurel y Hardy en el Oeste” fueron posibles gracias al cazatalentos que los descubrió, el director y productor Hal Roach, mecenas también de Harold Lloyd.

En 1932 ganaron un Oscar por el corto “The Music Box” y se despidieron en 1945 con “The big noise” y “Laurel y Hardy toreros”, coincidiendo con el final de la guerra y el declive de su estilo en un formato, el largometraje, al que sus “gags” no se adaptaban fácilmente. En 1951 volverían a juntarse, pero ya no en Hollywood sino en Europa, en la producción francesa “Atoll K”, de Leo Joannon, conocida en español como “Robinsones atómicos”. Antes de retirarse definitivamente, Oliver apareció en dos películas más, sin el Flaco a su lado: “The Fighting Kentuckian” (“El luchador de Kentucky”), en 1949 y junto a John Wayne, y “Riding High” (“Lo quiso la suerte”), en 1950 y a las órdenes de Frank Capra.

El 7 de agosto de 1957 fallecía a los 65 años de una trombosis cerebral. El Gordo era entonces la sombra de sí mismo, pues una estricta dieta le había hecho perder la mitad de sus 130 kilos. Laurel le sobreviviría hasta el 23 de febrero de 1965. Nunca se recuperó anímicamente de la muerte de su amigo -“fue la mitad de mi vida”- y falleció hemipléjico y con otro Oscar en su haber, en este caso honorario, en 1961. Oliver, como recuerda Taibo, resumió en un diálogo genial, en su última película juntos, la relación con su contraparte: Hardy: En este lugar el gobierno soy yo. Laurel: ¿Y yo, qué soy? Hardy: Tu eres el pueblo.

 

Acerca de Rafael Calderón

Crítico de cine, Director y Redactor jefe en Cineralia. Admito que soy un enamorado del séptimo arte que no duda en recordar que como dijo aquel, "Nadie es perfecto"

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