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El Último Desafío. Western con esteroides

Crítica de cine. ‘El Último Desafío’.

El Último Desafío

Acabas de llegar al planeta Tierra. No sabes quién es ese hombre enorme, con el rostro surcado de arrugas, que desde un autobús escolar dispara a sus enemigos mientras grita con un fuerte acento austríaco. Quizás preguntas a la persona más cercana a qué clase de vieja gloria nos estamos enfrentando. ‘Antes gobernaba California, te contestan. En la fila de atrás, alguien aclara: ‘pero antes de eso fue un robot que viajaba en el tiempo‘, y otro se asoma para añadir ‘y un guerrero mítico con músculos de acero’, pero sólo porque antes de todo esto ‘fue Míster Universo y el hombre más fuerte del planeta’. Una señora cierra el debate al decir ‘pues yo bien que me reí cuando era un policía rodeado de niños’.

La vida del icono de la cultura pop en el que se ha convertido Arnold Schwarzenegger parece hecha del mismo material mítico del que están construidos sus legendarios personajes. Hombre ilimitado, prototipo del físico hercúleo con el que la mayoría de mortales sólo puede soñar, se evaporó hace algunos años de la escena, dejando en el aire aún la sombra de su imponente silueta.

Y ahora lo encontramos en un pequeño pueblo al borde de la frontera mexicana, al final del camino (o al principio de uno nuevo, quizás): pues el sheriff retirado de la policía neoyorquina al que interpreta en ‘El último desafío’ tiene más de él y de su biografía que cualquier otro personaje al que haya dado vida nunca. Si en la reciente ‘Vacaciones en el infierno’ otra vieja gloria retirada de la circulación como es Mel Gibson demostraba que aún tenía muchas balas que disparar vengándose de todos aquellos que lo dieron por acabado, en este caso Schwarzenegger hace lo propio y de una manera más interesante si cabe (hablamos de una película de acción pura: interesante quiere decir explosiva, impactante, sangrienta).

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Gibson reconocía algunos de sus errores, pero la película nunca caía de lleno en la comicidad; Schwarzenegger se lanza a la piscina de la parodia y la autoconsciencia para entregarnos un tiroteo final en el que las ancianas ayudan a aniquilar a los malos.

Cuando un malvadísimo mafioso mexicano se lance a toda velocidad contra su querido pueblo para conseguir huir de las autoridades (capitaneadas por un Forest Whitaker cuyo diálogo, para bien o para mal, está compuesto por una ristra de tópicos casi absurda), el viejo héroe de acción montará una pequeña guerrilla casera, en la que colabora gente tan peculiar como el jackass Johnny Knoxville, acostumbrado desde hace años a bordear el límite entre riesgo y locura. El malvado, malvado mafioso (¿hemos mencionado ya que es malvado?) interpretado por Eduardo Noriega (al cual el inglés parece costarle un poquillo) no lo pondrá fácil: conduce el coche más rápido del mundo (las escenas de acción en carretera, con maniobras imposibles, celebran tan bien el puro movimiento y la diversión de estar a punto de morir como pocos filmes de acción que hayamos visto) y posee un grupo de mercenarios dispuestos a volar el pueblo por los aires (capitaneados por un en ocasiones desnortado Peter Stormare, hermano gemelo del papel que interpretó en ‘Vacaciones en el infierno’). La primera hora del filme funciona, pues, como un preludio in crescendo al (previsiblemente) explosivo final que nos espera, cuando todos estos elementos sean mezclados.

Entre medias, el filme se las arregla para colar un discurso sobre el propio género, al encarnar Whitaker y todo su equipo a un tipo de acción más técnica, identificada con los tiempos modernos que corren, en los que el puño ha sido sustituido por el láser de precisión (pensemos en ‘Misión Imposible’, en la serie de televisión ‘CSI’), y representar Schwarzenegger a la acción de toda la vida: física, musculosa, directa, irónica y divertida en ocasiones y terriblemente cruel en otras (es decir, Conan o Terminator).

‘El último desafío’ acaba erigiéndose en manifiesto-defensa de este segundo tipo de acción alejada de tecnicismos inútiles, siguiendo el legado de gente cuya única misión era luchar mejor que nadie: Bruce Lee, Chuck Norris, el primer Jackie Chan… Los malos se vencen con valentía y fuerza, no con radares ni ordenadores (Noriega es reventado por Schwarzenegger en una durísima pelea final a puñetazos, sobre el frío metal de un solitario puente sobre la frontera, mientras que el ultra tecnológico equipo de Whitaker llega mal y tarde a todo).

Además, el actor austríaco se ríe a gusto de su legado, del género y de sí mismo (aunque ya tenga práctica en el asunto, recordemos a su poli de guardería), haciendo que la última media hora de metraje sea un festival hiperbólico de disparos y sangre, que nos recuerda a un ‘Sólo ante el peligro’ al que se la ha pasado la mano con los esteroides.

En un contexto en el que el cine de acción parece agotado, asediado por fórmulas repetitivas y personajes que carecen del carisma que gente como el austríaco tuvo en su día, se agradece que aparezcan filmes como este, que funcionan tanto como testimonio de una carrera ya dejada atrás como sano entretenimiento disparatado y explosivo, sin mayores pretensiones, que es algo que, cuando está bien hecho, nos hace más felices de lo que a muchos les cuesta reconocer.

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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