viernes , junio 22 2018
Home / Especiales / Especial Sitges 2012: El cine espectáculo.

Especial Sitges 2012: El cine espectáculo.

Me gusta reivindicar el cine espectáculo porque las películas que puedan entrar en esta categoría muy dificilmente serán consideradas obras de referencia. Son estas películas de consumo rápido y éxito efímero, cuyo segundo visionado tiene más números de por televisión que en alguna retrospectiva en el cine.

Probablemente no sea el caso de Looper, que para muchos es considerada ya una película de culto pero que para mi “sólo” es un blockbuster de referencia. El mayor mérito del film es sin duda el amplísimo universo que diseña en dos horas y el pulso de Rian Johnson para concentrarse en la historia que quiere contar en vez de perderse en explorarlo en toda su magnitud. Sin embargo los viajes en el tiempo son un tema complicado y, en este caso, la idea de la paradoja como un cúmulo de posibilidades sujetas al libre albedrío es, a la vez, el mensaje positivo del film pero también su propia trampa argumental. Pese a ello la película tiene un sinfín de escenas memorables (principalmente en las que interactúan un asombroso Joseph Gordon-Levitt y Bruce Willis), grandes interpretaciones y la consolidación de un director de primera clase.

De todas formas la gran oferta de cine espectáculo que nos ha brindado Sitges 2012 proviene, una vez más, de oriente. Una de las películas que pudimos ver el último día fue la película más taquillera de la historia del cine coreano, The Thieves. En resumidas cuentas se trata de una versión coreana de Ocean’s Eleven en la que, además de la audacia de un equipo de ladrones, encontramos uno de los mejores exponentes de la factura del cine de acción oriental que desde hace años está muy por encima del norteamericano. The Thieves tiene absolutamente de todo: romance, drama, humor, acción, misterio y sorpresas. Un auténtico filón.

En la misma línea está la adaptación “live action” del popular anime Rurouni Kenshin, que da su salto a la gran pantalla cogiendo los elementos esenciales de la serie y de los OVAs pero creando una historia y una interpretación totalmente nueva del personaje de Kenshin. Rurouni Kenshin se destapa como una grandísima película de samurais que sorprende por la buena caracterización de los personajes del manga (algo que suele fallar en este tipo de adaptaciones) y respeta absolutamente la esencia de un personaje protagonista que es motivo suficiente para sumergirse en la película. Lo único reprochable es la sensación de que quizá si la película se hubiera planteado como un jidai geki más serio en vez de buscar el entretenimiento puro y duro, sería un film a la altura de 13 Assassins de Takashi Miike, triunfadora en Sitges 2010, y estaríamos hablando de un referente del cine de samurais moderno.

También sorprende gratamente Motorway, un film de persecuciones que en Sitges se vendió equivocadamente como una heredera de Drive, ya que el tempo de la película y la dimensión de los personajes no son ni de lejos comparables con la obra de culto de Nicholas Winding Refn. El argumento de Motorway es mucho más sencillo, como una versión de Karate Kid II con coches, y en su sencillez reside su calidad porque sus virtudes son una variedad y originalidad nunca vistas a la hora de rodar persecuciones, así como en el ritmo frenético que te deja sin aliento prácticamente durante la totalidad del metraje.

Cerrando el capítulo puramente oriental, me veo casi obligado a añadir a esta categoría la extraña mescolanza entre humor y cine negro de Nameless Gangster: Rules of the Time. La película de Jong-bin Yun tiene todos los ingredientes para ser una película muy superior a la que es, pero desgraciadamente se queda en un recomendable entretenimiento precisamente por el tono desenfadado del film que, sin embargo, nos regala uno de los personajes más extraordinarios del festival: el del cuñado que “sabe” taekwondo. Fuera de coñas, Nameless Gangster tiene una idea de base potente, como es la de cimentar la historia y las relaciones entre personajes a partir de su nombre y, sobre todo, a partir de darle nobleza a ese nombre. Dicho de otro modo, es una película que habla de gente que hace lo que cree necesario para proveer lo mejor para su família, aunque esto a veces suponga una toma drástica de decisiones.

La película para hilvanar el momento de transición entre el cine oriental y el occidental no podía ser otra que The ABC’s of Death, una de las películas más esperadas de la pasada edición del Festival de Sitges, tal y como demostró el lleno casi absoluto del Auditori el día de su proyección. El concepto de ABC’s es muy sencillo: 26 letras del abecedario que sirven para encabezar 26 cortos diferentes de 26 directores distintos, pero con una idea en común: una letra, una forma de morir. Normalmente no soy aficionado a las películas formadas por un conjunto de cortos, pero The ABC’s of Death verdaderamente es una película que pasa rapidísima a pesar de sus más de dos horas de duración. Evidentemente tiene cortos brillantes (Espinoza, Sarmiento, Yamaguchi, Tjahjanto, Forzani/Cattet -el mejor sin duda-, Wingard/Barrett, etc.) y otros prescindibles (Traucki, Rumley, Schnepp, etc.), pero el simple hecho de degustar  una marca de estilo de cada director en una película de consumo rápido es una auténtica gozada para cualquier fan del terror.

La que no funciona tan bien aunque parte de una fórmula parecida es V/H/S, una película formada por varios cortos rodados por diferentes directores con el hilo común del formato found footage. El hecho de que la duración de estos cortos sea mayor también hace que la película sea más pesada, sobre todo por el hecho de que e formato resulta mareante cuando ya llevas bastante rato viéndolo. Sin embargo hay algún corto que vale mucho la pena (como el primero o el del videochat), pero también otros que se hacen bastante pesados. Sin embargo es justo decir que su apuesta por el realismo hace que el miedo también lo sea, de manera que la apuesta funcionó bastante bien entre el público durante su visionado en una maratón nocturna.

Para terminar este apartado me guardo la mención especial para Aftershock, un survival palomitero con Eli Roth que gustó a muchos y disgustó a otros tantos. Aunque es una película totalmente prescindible ofrece una hora y media de notable entretenimiento con algunas escenas realmente contundentes, a pesar de su vocación marcadamente mainstream. Su mejor baza es el caos absoluto en el que se convierte la película a partir del terremoto y la sorpresa constante en el orden de las muertes de unos personajes especialmente diseñados para tener una vida corta.

Acerca de Gerard Fossas

Mira esto

series de TV que llegan en junio

Series de TV que llegan en Junio. Fear the walking dead, The Mist y Naomi Watts

Con el veranito a punto de comenzar no son pocas las series que presentan nuevas temporadas o …

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.