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Crítica Perdidos en París, una comedia con mucha nostalgia

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Incluso Perdidos en París se podría denominar una cinta musical, ya que las secuencias que tiene con la música y sus bailes, son las que más remarcan a sus personajes, a sus historias y que hacen de la misma un conjunto divertido, ágil sin dejar de lado un gran fondo con un mensaje muy actual de nuestros sociedad, incluyendo la soledad y la necesidad de las relaciones en el amplio sentido de la palabra

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Se agradece que de vez en cuando que aparezca en nuestras carteleras comedias que no son tan manidas en historias, y por ello tener Perdidos en París es un gusto visual que invita a la risa por medio de un guion minucioso, incluso simple (necesario para no buscar lo enrevesado), pero de lo más divertido recordándonos a muchos momentos Chaplin y sus historias y en otros muchos instantes a Olivia, la eterna compañera de Popeye.

Martha, ex bailarina, es una parisina que está en esa edad donde la memoria le juega malas pasadas, ahora viendo que su independencia corre peligro, pudiendo acabar en una residencia, escribe a su sobrina, bibliotecaria en Canadá, para que se haga cargo de ella.

Fiona viaja a París para estar con su tía y cuidar de ella. Al llegar a la ciudad las fatalidades se le agolpan, no encuentra a Martha, pierde su equipaje y su documentación y en su camino se cruza Don un vagabundo, con grandes peculiaridades, que hará que Fiona tenga un viaje de sonrisas y lágrimas.

Los directores y guionistas Dominique Abe y Fiona Gordon han creado una gran historia buscando la tolerancia, con humor e incluso elegancia, sin querer evitar los temas de hoy en día, como son la madurez y sus sinsabores, la marginación laboral y la discriminación en toda la palabra dentro la sociedad actual, además de dar un buen varapalo a las instituciones estatales y sus normas absurdas.

Dibujan en los protagonistas la inocencia de personalidades sin maldad, sin ninguna malicia, solo con las travesuras de la necesidad de la supervivencia en el mundo de hoy en día feroz a los sinsabores de la lucha por ser mejor que los demás.

Incluso Perdidos en París se podría denominar una cinta musical, ya que las secuencias que tiene con la música y sus bailes, son las que más remarcan a sus personajes, a sus historias y que hacen de la misma un conjunto divertido, ágil sin dejar de lado un gran fondo con un mensaje muy actual de nuestros sociedad, incluyendo la soledad y la necesidad de las relaciones en el amplio sentido de la palabra.

Perdidos en París contiene esos personajes estáticos que tanto nos puede recordar también a Aki Kaurismäki por ejemplo en Al otro lado de la esperanza, por ejemplo en las situaciones recreadas en el restaurante, donde cada uno de los protagonistas tiene una situación pero se van entremezclando, con la comicidad de situaciones inverosímiles pero tienen su razón.

El personaje de Fiona, magistralmente interpretado por Fiona Gordon, me trasportó a multitud de películas vividas en mi infancia, tanto por similitud visual con Olivia parthener de Popeye, por momentos con sus bailes a Mari Poppins y por la historia en parte me fui a Sonrisas y Lágrimas, sin entrar en que sea nada de ello exacto pero sí en extractos puntuales de cada personaje. Nada desdeñable la secuencia de baile del banco de Emmanuelle Riva y Pierre Richard que dotan a la película de una gran consistencia en todos sus planos. 

Por otro lado Dominique Abel es en cierta forma el humor irónico personificado, el despiste en persona, con grandes influencias de Chaplin, de la comedia francesa en sí, y que complementa a Fiona gordon, notándose en escena la complicidad de ambos, ya que no es la primera vez que ambos trabajan juntos.

Perdidos en París es de esas propuestas cinematográficos que nos trasportarán a una comicidad de gran calado, con grandes interpretaciones y que nos hará salir de la sala con una gran sonrisa, tan necesaria hoy en día.

Acerca de Susana Peral

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