Puntuación:
Con un escenario limitado y unos personajes bien construidos el director no tiene temor alguno a navegar por el filo de la navaja mientras nos somete a un par de buenos sustos...
Damian McCarthy escribe y dirige esta peculiar historia de terror en la que su protagonista Darcy, una médium ciega y vendedora de curiosidades, que lamenta el fallecimiento por asesinato de su hermana gemela. Un año después de ese fatal desenlace, Darcy convertirá un espeluznante maniquí de madera de su gabinete de curiosidades en un elemento crucial para descubrir la verdad sobre el asesinato de su hermana.
McCarthy en su segundo largo tras la fallida «Caveat» dota a esta historia de miedo de personalidad propia, buscando alejarse de la cotidianidad del género aún a riesgo de precipitarse al abismo de lo absurdo.

Con un escenario limitado y unos personajes bien construidos el director no tiene temor alguno a navegar por el filo de la navaja mientras nos somete a un par de buenos sustos del más puro estilo «Jump Scare«, a una trama algo espesa en su desarrollo y a un final sorprendente (Aunque si estás curtido en el género debería parecerte previsible).
Y es en esos sustos y ese acertado final donde la película obtiene su mejor bagaje, su óptimo rendimiento, su «prime» narrativo. Mientras en el desarrollo y su falta de credibilidad, con momentos en los coquetea con lo absurdo, el largometraje encuentra su talón de Aquiles.

El escenario, como buena casa embrujada, intimida y su protagonista invidente nos deja un personaje elaborado aunque poco aprovechado. Aunque para infrautilizado su gabinete de curiosidades paranormales que nos invitaría a visitarlo, a conocer cada elemento de esas estanterías, incluido ese terrorífico maniquí de madera del que se podía haber sacado mucho más. Al igual que nos pasaba con aquella sobrecogedora habitación de trastos del matrimonio Warren, nos deja con el apetito insatisfecho, preparados para recibir más de eso que tanto nos gusta.
El resto del reparto poco aporta. Sus actuaciones son irregulares y de poco peso, quizás lastradas por ese punto absurdo de la trama que no en pocas ocasiones se asemeja a un castillo de naipes a punto de derrumbarse.
Aún así «Oddity» es una película que convence, un film que nos invita a un viaje lento en su progreso, pero que contiene suficientes elementos para convertirla en un ejercicio de género atractivo e interesante. Con un final idóneo y diría que deseado… ¿A qué si?
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