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Amour. La terrible crueldad del paso del tiempo

Envejecer es una de las cosas más difíciles de aceptar, pero ver sufrir a alguien a quien se quiere, es aún más terrible. De esas dos madejas se teje la trama de ‘Amour’, la última película del director de cine austriaco Michael Haneke, que recibió la Palma de Oro al mejor largometraje en la pasada edición del Festival de Cannes.

Cuando el director subió para recoger su premio, declaró que la idea para crear esta película partió de un acuerdo que habían hecho su esposa y él. El trato consistía en que si en alguna ocasión uno de los dos enfermaba, el otro se ocuparía de cuidarlo.
Esa es precisamente la historia de Georges (Jean Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva), un matrimonio de octogenarios. Ambos han sido profesores de música, y viven una apacible vida en París, yendo a conciertos o disfrutando de la lectura. Sin embargo, un día Anne sufre lo que parece un derrame cerebral, que acaba paralizando la mitad de su cuerpo. Ante estas circunstancias, Georges se ocupará de ella pasando por pruebas cada vez más difíciles.

Amour de Haneke.

Durante la rueda de prensa de presentación del largometraje, Haneke, también comentó, que dentro de su familia había tenido situaciones muy parecidas a las que en él se retratan. En mi opinión, ese es el punto clave para que esta película entre directa de lo más profundo de manera directa y descarnada. Aquellas personas que tengan familiares mayores; o hayan vivido dentro de su familia, o cerca de ellos, unas circunstancias, aunque solo sean parecidas, sabrán que lo único que hace Haneke en esta película es retratarlas sin filtros, ni sentimentalismos, ni maneras grandilocuentes: toma la realidad tal y como es. Yo me incluyo en esa franja del público que ha vivido con gente muy cercana el terrible cambio que supone hacerse a la idea que la persona a la que conocíamos, a la que queríamos, con la que conversábamos, se va alejando irremediablemente. La terrible frustración que eso supone para uno mismo, pero mucho más el dolor de la otra persona que se considera una carga para los demás.

Pero el director austríaco va mucho más lejos partiendo la historia en varias caras. Una de ellas es la hija del matrimonio, Eva, en la piel de una Isabelle Huppert tan sobresaliente en su breve papel que llegas a detestarla. Ese desprecio mío por el personaje interpretado por una de mis actrices favoritas, consiste en lo odiosamente verdadero que es. Una hija que no se preocupa en absoluto de sus padres, y que la única solución que ofrece a sus problemas es meterlos en una residencia. Hay un momento, para mí, de los mejores de la película, en el que llega a casa de sus padres y con lágrimas en los ojos y grandes aspavientos le recrimina a Georges, que no puede seguir viviendo en esas condiciones, y que ella se encuentra terriblemente preocupada. Su padre le contesta que su preocupación no le sirve de nada, que no tiene ni siquiera tiempo para pensar en ella.

amour

Las dos mitades del todo:

Jean Louis Trinignant fue la chispa que prendió la película, Haneke escribió el personaje solo para él, y Emmanuelle Riva realiza una interpretación arrolladoramente bella y real.

Sin duda, el veterano actor galo es una de las piezas claves de la trama, la otra mitad. A penas se sobresalta antes las durísimas situaciones que vive. Su resignación plasmada en su tristeza, y sin embargo la tenacidad que muestra por recuperar a su mujer, arrancan alguna sonrisa o alguna lágrima (como el momento en el que la enseña a cantar de nuevo la melodía infantil Sur le pont d´Avignon). Mientras tanto, su pareja en la ficción, va afinando su interpretación hasta llegar a la perfección a medida que su personaje va sufriendo los males que le inflige su cuerpo. Su mirada cargada de dolor cuando ya no puede conversar con su marido, que le pide una y otra vez que acabe con su sufrimiento tal y como le ruega cuando vuelve a casa la primera vez que va al hospital, derritirá la coraza de los más insensibles.

En contra del largometraje resaltaré algunos momentos demasiado lentos e innecesarios en la trama o para comprender a los personajes desde mi modo de ver, como la secuencia en la que Georges persigue a una paloma que se ha colado por la ventana. Esto no juega nada a favor de la película y hace que en ocasiones la dolorosa atmósfera resulte demasiado pesada y que se pierda el interés por los sentimientos que se nos quieren acercar.

Compleja pero muy real, sin intermediarios, lo muestra todo, lo bonito y emotivo, lo feo y verdadero, sin miedo, sin tapujos.

Amor es una flecha de Cupido cargada del veneno de la verdad que Haneke nos lanza directa al corazón.

Acerca de Rafael Calderón

Crítico de cine, Director y Redactor jefe en Cineralia. Admito que soy un enamorado del séptimo arte que no duda en recordar que como dijo aquel, "Nadie es perfecto"

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