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Posesión infernal. El pantanoso terreno del remake

Una de las tendencias más subrayables del cine industrial del siglo XXI es, sin duda alguna, la del remake. El cine de terror en particular ha sido el género que más ha sufrido la moda, y principalmente ha sido el órdago de títulos procedentes del cine asiático que han tenido su versión americana con pocos años de diferencia (The Ring, El Grito, Dark Water, Llamada Perdida, Pulse, etc.), sin absolutamente nada nuevo que aportar independientemente de su calidad, lo que ha provocado que la noticia de un nuevo remake haga que buen parte del público conocedor del film original espere la versión venidera con un cuchillo entre los dientes.

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Sin embargo, siendo justos, también es el género de terror el que nos ha brindado los mejores resultados en este apartado. Películas como La Matanza de Texas (Marcus Nispel, 2003), El Amanecer de los Muertos (Zack Snyder, 2004), Las Colinas tienen Ojos (Alexandre Aja, 2006), Halloween, el Origen (Rob Zombie, 2007), The Crazies (Breck Eisner, 2010) o incluso –aunque en menor medida– Viernes 13 (Marcus Nispel, 2009) son ejemplos de que la artimaña corporativista no tiene porque desembocar en un producto anodino.

La clave está en la calidad artística de la producción y, sobre todo, en tener una vocación revisionista (en la actualización temática, en el enfoque narrativo o en el tratamiento de la obra) de fondo que haga que la nueva película, aunque no sea igual de influyente, tenga un alma genuina, porque lo mejor que puede decirse de un remake es que no necesita ser comparado con el film original y la nueva Evil Dead (Posesión Infernal) no lo necesita. No va a causar el mismo impacto en la serie B contemporánea como hizo la opera prima de Sam Raimi porque la fórmula ya está desgastada y el público está más avezado tanto a los mecanismos del horror como al gore; pero el atractivo de la cinta de Fede Álvarez, su gran baza, es que reivindica de forma saludable y eficiente la casquería dentro de los códigos formales del género de terror, sin refugiarse en el humor cafre o en el morbo escopofílico del torture porn.

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Ahora bien, Evil Dead no es la gran experiencia terrorífica que promete porque el balance entre virtudes y deficiencias de la película se resuelve en (decepcionante) equilibrio. La buena premisa argumental se va desdibujando a medida que avanza la película (en este sentido resulta bastante grave que el guión resbale tanto siendo tan básico), la calidad de los efectos se resiente del hecho que los personajes sean simples elementos del decorado (también lo eran en la original, no nos engañemos), la violencia queda diluida por un ritmo excesivamente lento en el tramo medio y todo atisbo de sorpresa desaparece con el hype que ha alimentado su masiva  y sobreinformativa campaña publicitaria.

A pesar de todo, el caso es que el remake de Evil Dead es que realmente es lo bastante bueno y disfrutable como para ser considerado una de los grandes títulos de terror con aires clásicos de los últimos años, junto con Insidious (James Wan, 2010) y Sinister (Scott Derrickson, 2012). Las tres películas tienen ingredientes estimulantes que consiguen desoxidar un poco los carcomidos engranajes del género de terror, pero al final quedan atrapadas en los mismos mecanismos que intentan trascender a pesar de conocerlos a la perfección. Los mismos giros, los mismos planos, los mismos recursos narrativos. Son historias diferentes con los finales de siempre, contadas con la retórica de siempre y con un lenguaje que no ha sabido evolucionar al mismo ritmo que el público, excepto cuando se ha recurrido a la reflexión autoconsciente de clásicos posmodernos como Scream 4 (Wes Craven, 2011) o The Cabin in the Woods (Drew Goddard, 2011), dos películas que disertan sobre el remake y que lo trabajan recolocando elementos reconocibles y elaborando un discurso que pone en crisis los rudimentos establecidos a lo largo de los años. Lo que nos ofrece Evil Dead es otra cosa. Es un vínculo nostálgico y un ligero escalofrío, el horror en nuestros días ha tomado otras formas y otros caminos.

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Acerca de Gerard Fossas

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3 comentarios

  1. No estoy de acuerdo en que las personas están tan acostumbradas a lo que se muestra hoy día en el terror. FALTABA UNA PELÍCULA ASI QUE NO SEA CATALOGADA COMO SERIE B.

    La gente en el cine salió asqueada y en el buen sentido de la palabra. Se necesitaba el gore directo, pero en la medida un poco justificado. TIENE MOMENTO TERRORÍFICOS QUE DAN MIEDO DE VERDAD.

    UNA MARAVILLA DE PELÍCULA. PARA ESTE DIRECTOR URUGUAYO QUE VIENE HACIENDO LAS COSAS TAN BIEN.

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