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Bárbara. Las huellas del pasado

Esta semana la cartelera de cine viene cargada de títulos de varias nacionalidades, algo no muy habitual, pero que está bien porque así el público podrá elegir entre varias opciones y que no sean de la misma factoría. Las tenemos argentina, mexicana, canadiense, americana (dos) y por último alemana y por ésta es por la que ha apostado Golem Distribución, y no es otra que “Bárbara” dirigida por Christian Petzold.

República Democrática Alemana, 1980. Una doctora, Bárbara (Nina Hoss), quiere irse a Occidente, pero le han denegado la autorización, y por ello es trasladada de la capital a un pequeño pueblo para que ejerza su profesión. Mientras tanto su pareja Jörg, prepara la huida de ambos. Se desenvuelve en su día a día del trabajo a su casa, y viceversa, siendo vigilada por miedo a su marcha. En el hospital muestra afecto por los pacientes siendo cariñosa con ellos, no tanto con sus compañeros con quienes le cuesta congeniar por desconfianza.

Imagen de "Bárbara"

André (Ronald Zehrfeld), que es uno de los cirujanos, confía en ella y en su profesionalidad e intenta acercarse para conocerla mejor. Para ella todo dará un giro emocional cuando Stella es ingresada en la clínica y tiene que tratarla, esta joven hará que la verdadera personalidad de Bárbara florezca.

Bárbara refleja unas emociones contenidas en unos semblantes desencajados y fríos, por lo vivido, por lo sufrido y por no querer ni poder hablar de ello abiertamente, sin saber si el que está a su lado le juzgará bien o mal, porque aunque saben bien cada uno quien es su enemigo, por lo contrario no saben quién puede ser su amigo, la duda está flotando continuamente en el ambiente.

La hostilidad en “Bárbara” se nota en las conversaciones bruscas y cortantes que parten de la protagonista con su desconfianza, en esas miradas secas, donde no hay sentimientos en ningún momento, porque puede que hayan sido robados con anterioridad, y ni siquiera de puertas para adentro, en la soledad de su casa es capaz de sacar, ni ella ni el resto de los protagonistas aunque lo intenten disimular.

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El guión de este estreno de cine, que pertenece también al director Christian Petzold, focaliza muy bien los efectos de la represión de la guerra sufrida, de las secuelas emocionales que cada persona arrastra a lo largo de sus días. La falta de confianza en los demás debido a los hechos acontecidos y que hacen que hasta su sombra sea duda, y que ni siquiera el amor sea algo que les salve, porque no saben si están presos de ellos mismos o de los demás.

La mentira sobrevuela todas sus vidas para sobrellevar una carga pesada y que no les deja respirar, incluso la de aquellos que son los controladores puesto que al final no son libres porque su conciencia también existe. Hasta el personaje de André que parece más afable y feliz esconde un misterio que nadie pudiera imaginar y que ni siquiera tras saberlo quien conoce su secreto dará crédito de ello, pues no lo aparenta.

Pero habrá que esperar hasta el final de “Bárbara”, y ver si hemos descubierto un atisbo de emociones en sus rostros, para saber que puede más si el ansia de salvarse y tener una vida mejor en libertad sin privaciones ni controles o por lo contrario salvar la vida de otra persona y cumplir su juramento hipocrático como médico.

Aunque es un tema que ya sido tratado con anterioridad, aquí ha sido estampado de distinta manera, con diálogos fríos y cortos, pero con una imagen distinta, colorida y armoniosa, en otras ocasiones nos ponen colores grises para darnos sensación de agobio y de siniestralidad en el ambiente aquí es todo más abierto, con más luz, digamos que con más naturalidad.

La interpretaciones de los personajes principales que son los de Nina Hoss (una habitual del director ya que es la cuarta película que hacen juntos), y la de Ronald Zehrfeld son impecables, con unas miradas que lo reflejan todo. Ese rictus de ella de casi no sacar una sonrisa es inmejorable durante toda la película, y el tiene una media sonrisa en todo el metraje que no sabes muy bien si sonríe o si en verdad hay algo más. Ambos mantienen un sentimiento de anhelo, de desear lo que un día tuvieron, que escoden como pura nostalgia detrás de sus ojos.

Una Crítica de cine de Susana Peral.

Acerca de Susana Peral

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