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Crítica de La distancia más larga

Crítica de La distancia más larga

Desconozco los motivos por los cuales hay determinadas historias que se alargan hasta casi un metraje de dos horas sin ninguna razón.

Pero quizás la duración de La distancia más larga sea lo de menos, lo realmente grave es por qué hay que hacer encima la película tan lenta.

Estas dos cosas escapan absolutamente a mi comprensión, y compruebo con estupor creciente que es un fenómeno que se da habitualmente. Hoy me he topado con una muestra de esto mismo: La distancia más larga. Quizás en honor al título se ha hecho el film eterno y largo. El caso es que la historia que nos cuentan podría perfectamente haberse compactado en un metraje de poco más de una hora, y seguramente la sensación sería muy diferente.

“A la media hora de haber salido de la sala, ya había pasado al rincón más lejano de mi mente”.

La distancia más larga es una coproducción hispano venezolana. Lo cual se nota especialmente en la fotografía, porque de hecho es quizás lo más destacable del film. La iluminación de la escena es bastante pésima, a mí por lo menos me lo ha parecido, no entiendo por qué hay que hacerla tan triste. ¿Es para ilustrar que el personaje de Carmen Elías, la protagonista, padece una enfermedad incurable? En fin, creo que con explicarlo en el guión es suficiente, se podría lograr una mejor percepción del escenario y la atmósfera con una luz normal y corriente. Hay tramos en los que, afortunadamente, vemos algún rayo de sol y podemos captar mejor los colores de la atmósfera, pero bueno, los creadores del film sabrán por qué hay que hacer las cosas como las han hecho.

Tampoco entiendo muy bien a qué viene esta película. La historia que se nos relata pienso que la hemos visto ya en otras ocasiones con pequeñas modificaciones, pero vamos por lo general el personaje más encantador es el del pequeño Lucas, ese joven de 12 años que logra darle a su abuela los mejores últimos días de su vida. Del personaje de Lola, la abuela de Lucas, interpretado por Elías, obtenemos pequeños coletazos, como que ha tenido con su hija Sara una relación conflictiva, que ha sido una mujer que…en fin…parece que solo ha sido feliz en Venezuela cuando conoció a Leo, el padre de Sara, que falleció cayendo por el precipicio de una conocida montaña del país.

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Pero sinceramente La distancia más larga no logra transmitir nada. Y eso que Carmen Elías es una excelente actriz, pero no consigo empatizar con ella.

Es de agradecer que la película no busque las lágrimas del espectador, porque para dramas ya tenemos suficientes a diario. Dados los tiempos que corren y en los que, constantemente, nos hacemos la pregunta de por qué los cines se vacían y por qué hay pocas posaderas en las butacas cabría hacerse la siguiente pregunta:

“¿Se hacen productos pensando en el consumo y no en las masturbaciones intelectuales de unos ególatras que van de artistas creadores?”

Porque, a día de hoy, lo que da dinero es que la gente llene la sala, al menos según tengo entendido. Y creo que el personal ya tiene suficiente miseria en los telediarios y en sus propias vidas como para aguantar dramas repetitivos que ya son explotados en los cutrefilms de la sobremesa de los sábados.

Es una pena porque la Distancia más larga podría haber sido una película agradable sin más y sin ninguna pretensión. Pero lo único que queda es la pesadez del metraje y un relato que ya es agotador por su poca originalidad. Además de la sensación de que es una cinta que se olvida rápido. No tengo problemas cerebrales, pero es que a la media hora de haber salido, ya había pasado al rincón más lejano de mi mente.

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