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Crítica de Hard as Indie. Cine dentro del Cine

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Arturo M. Antolín se ha arrojado con valentía a un proyecto que se desenvuelve en mostrar las tripas de los trabajos cinematográficos, dejando al descubierto que no todo es tan fácil, divertido o con final feliz...

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Arturo M. Antolín ha montado un estupendo documental con la premisa de tener de telón de fondo el título de otra película, El Cosmonauta, de cómo se formó la idea, el concepto de financiación y poner en imágenes lo que se quedó en las cabezas de los que crearon el film en su día y como les ha afectado años después, esos años de rodaje y colaboración.

Cine dentro del cine, Hard as indie, bebe del propio rodaje de El Cosmonauta, de las horas que dieron luz a un trabajo que se alimentaba del Crowfounding, siendo en su día pionero en esas lides de financiación, y como en el trascurso de los años las cosas derivaron en trabas hasta completar el trabajo.

Mientras que se ve Hard as indie uno piensa si la inocencia invadió en su día a los responsables de El cosmonauta, ya que esos off records dejaban al descubierto tanto las tripas del rodaje, de los protagonistas y ante todo de ellos mismos, que las carencias de experiencia no se suplieron con otras tablas.

Ahora años después los tres máximos responsables y todos los que estuvieron en ese rodaje, pero especialmente los primeros, dan la cara, cada uno con su verdad, son sus sentimientos y ante todo un ejercicio de valentía pues en sus declaraciones se pone de manifiesto que en parte, pasado el tiempo, son conscientes de los errores que marcaron los hechos.

Hard is indie tiene la misma empatía y vitalidad que los directores y productores pusieron al principio años atrás con el Cosmonauta, haciendo un uso de símiles y metáforas en guion, por parte de Arturo M. Antolín, que hacen que el espectador se envuelva de la vorágine de los hechos y de la rapidez con que se sucedieron los mismos, aunque fueron en años de trabajo, teniendo de todo en ese tiempo.

Poco a poco con las declaraciones van surgiendo cambios, giros que harán que uno se sorprenda y otras incluso saquen una sonrisa. Un guion que difunde verisimilitud, valor y replica al tiempo pasado con el poso de la calma y la experiencia.

Es sencillo, veraz, sutil con los flashback, tratados a la perfección en un engranaje ágil visualmente hablando, que hacen comprender el pasado y el presente de la situación, lo que uno no se espera es lo que acontece en el tramo final del documental, ese desencadenante que lleva a situaciones extremas el final de la película que ha hecho que se cree ésta.

Arturo M. Antolín se ha arrojado con valentía a un proyecto que se desenvuelve en mostrar las tripas de los trabajos cinematográficos, dejando al descubierto que no todo es tan fácil, divertido o con final feliz como pudiéramos pensar. Puede que después de ver esta película muchos piensen en otros títulos que les gustaría que les pasara por el mismo filtro.

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