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Crítica de Errementari (El herrero y el diablo). Demonios a la vasca

Puntuación:

El director Paul Urkijo Alijo imprime una adecuada atmósfera fantástica a su debut en el largometraje, pero fracasa al no encontrar el tono adecuado para narrar la historia que pretende contar.

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Álex de la Iglesia ha forjado su  trayectoria artística mezclando elementos procedentes del género fantástico, el thriller y el terror con ingredientes netamente españoles, que emparentan su cine con el de clásicos como Luis García Berlanga. Sus películas nos pueden parecer irregulares en su conjunto, pero atesoran momentos de una extraña fuerza e inequívocamente personales que compensan las debilidades del conjunto.

Crítica de Errementari (El herrero y el diablo)

Paul Urkijo Alijo, un realizador que se ha forjado cierto prestigio con cortometrajes como El bosque negro y Monsters Do Not Exist, se postula con Errementari (El herrero y el diablo) como un particular sucesor del firmante de Muertos de risa.

Al igual que De la iglesia, Urkijo reformula toda una tradición del género fantástico, aunque dándole un tono marcadamente autóctono. Aquí el acento inequívocamente español del firmante de La comunidad es sustituido por un toque indudablemente vasco. No obstante, la influencia del célebre cineasta, que también se encarga de producir el largometraje, también queda patente en la presencia de uno de sus colaboradores habituales: Asier Guerricaechevarría, que firma el guion junto al cortometrajista que debuta en el largometraje.

Ambos hilvanan una historia, ambientada a finales del siglo XIX en una aldea vasca, que bebe del folclore euskera, con sus creencias y supersticiones. Un herrero maldito, un diablillo de segunda encerrado en una fragua y una niña desfigurada por un suceso ocurrido cuando era solo un bebé son los protagonistas de una cinta que tiene sus mejores bazas en su atmósfera siniestra y la excelente recreación de una pequeña aldea alavesa en tiempos posteriores a la primera Guerra Carlista.

Se nota que Urkijo es un amante del cine de género, especialmente evidente en sus guiños a El doctor Frankenstein (James Whale, 1931) y otros títulos de la Universal protagonizados por personajes clásicos del terror,  y también su empeño por abordar un tema que aparecía ya en sus obras de corta duración: la falsedad de las apariencias. No obstante, a pesar del empaque estético y las inmejorables intenciones, la película nunca logra la fluidez necesaria como para apasionar con aquello que cuenta. Tampoco parece que este debut encuentre el tono adecuado, especialmente evidente en los desafortunados elementos humorísticos, que resultan excesivamente ridículos.

Hay un esfuerzo de producción, un buen trabajo de los intérpretes, pasión por el cine de terror, los deseos de dotar al conjunto de un sabor inequívocamente autóctono y un intento de ofrecer algo distinto, pero la confluencia de esos buenos ingredientes no consigue que la película convenza como narración.

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