Puntuación:
Producto palomitero que intenta abrumar con su despliegue visual, pero nunca inyecta el necesario suspense a un guion lleno de trampas.
Timur Bekmambetov se ha convertido en el principal impulsor, a través de su faceta como director, de un thriller técnológico que se desarrolla en un mundo como el de hoy donde reinan las pantallas y todo está hiperconectado. Así lo demuestran títulos como Eliminado, Eliminado: Dark Web, Searching, Missing o la denostada nueva versión de La guerra de los mundos realizada por Rich Lee.

El cineasta ruso prueba de nuevo la formula en Sin piedad, aunque en este caso asume la labor del director. El punto de partida es bastante prometedor: la IA ha asumido, en un futuro cercano, las funciones de juzgar y ajusticiar siempre que se requiera a los acusados de crímenes considerados graves. Uno de los principales defensores de esta medida, un policía con problemas de alcoholismo, se encontrará en el papel de reo de este particular tribunal cuando sea considerado responsable del asesinato de su esposa. Desde ese momento tendrá que demostrar su inocencia para evitar la pena capital.

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Como ya es habitual en el subgénero que ayudó a crear, la película de Bekmambetov se llena de imagenes captadas a través de teléfonos móviles, medios de comunicación o cámaras de vigilancia para ofrecernos un puzle que abruma por la gran cantidad de información que se proporciona en poco tiempo. A todo ello hay que añadir los innumerables giros que sorprenderán al espectador menos avezado.
Lástima que Bekmambetov, especialista en largometrajes de acción, nunca logre imprimir el necesario suspense al conjunto y acabe echando mano a aparatosas secuencias de persecución en el tramo final de la cinta. Tampoco ayuda la interpretación de un inadecuado Chris Pratt, que nunca convence en una interpretación dramática que hubiera necesitado un actor más experto en estas lides. Por si fuera poco, Rebecca Fergusson, en el papel de la juez generada por la inteligencia artificial, poco puedo hacer en un trabajo que le exige inexpresividad.
Por otra parte, el guion de Marco van Belle está lleno de trampas que tienen como objeto dejarnos con la boca abierta, aunque sea a costa de la inverosimilitud del conjunto.

Foto: Justin Lubin (Amazon Content Services LLC. All Rights Reserved)
El resultado es un thriller tan vistoso visualmente como vacío que desaprovecha la oportunidad para hacer una crítica sobre el uso excesivo de la IA y solamente ofrece un producto pasablemente entretenido.
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