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Insensibles. Herencias físicas y psíquicas

“Insensibles”, de Juan Carlos Medina,  ya estuvo en la pasada Sección Oficial del Festival de Sitges y también ha estado en la Sección Oficial de Nocturna, donde se llevó el premio a la Mejor Banda Sonora Original, y este fin de semana se estrena en nuestras carteleras, siendo una coproducción, española, francesa y portuguesa.

David (Alex Brendemühl ) un reconocido neurocirujano, tiene un accidente de automovil y por esa fatalidad y tener que hacerse unas pruebas descubren que tiene un cáncer que solo se curará con un trasplante de médula. Sus opciones para salvarse son sus padres, y en ese reclamo de ayuda a unas personas con las que no tiene mucha relación, verá que su pasado no fue tan real como lo que él creía y que tiene una vida a la que no pensaba que se tendría que enfrentar nunca. Sus pasos hacia su verdad emocional harán que se levanten ampollas y recuerdos en su padre (Juan Diego) quien tendrá la llave de abrir muchos secretos ocultos.

Crítica de "Insensibles".

Una búsqueda de una identidad personal, para afrontar unos hechos que se agolpan en el personaje principal sin saber como afrontarlo y sin ni siquiera saber que ya le estaba afectando de antemano porque las herencias se padecen, ya sean físicas o psíquicas. Un llamamiento hacia la memoria interior de cada uno, y muy sutilmente el guión esconde pequeños matices de reclamo de la memoria histórica que tan de moda está y que no a todo el mundo le gusta oírlo nombrar.

La mezcla de géneros que se haya dentro de la película la hace más atrayente para diferentes públicos, sin que ninguno se sienta defraudado. Porque aunque sea el primer largometraje del director Juan Carlos Medina, ha sabido aunar bien todo para ofrecernos un engranaje perfecto para enganchar al espectador con esta cinta con tantos flashbacks al pasado que tanto cuenta en esta historia. Un guión que cuenta con muchas metáforas relacionadas con la insensibilidad emocional de la sociedad actual, tal y como la hubo años atrás.

“Insensibles” contiene todo aquello que hará que te enganches a la butaca, una narración sencilla pero atrayente, una historia simple pero paso a paso escalofriante donde el pasado juega mucho en las mentes y en imágenes, y un poso de nostalgia y recuerdo inevitable de la historia de España. Sin descartar que el tema de los niños es algo que se ha tratado muy bien con gran sensibilidad y con unas actuaciones soberbias por parte de ellos, que te llegan y te hacen conectar con ellos desde el primer momentos; con esas miradas casi hacia el vacio y un abismo en que se les encierra literalmente y metafóricamente.

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Los enlaces que tiene el presente con el pasado, con lo sucedido años atrás y que afecta de manera muy directa a los días en los que centra la película y los venideros porque el futuro está implícito en la trama, está logrado de tal manera que la formación imaginaria de esos hechos en nuestra cabeza se recreará a la perfección sin dejar ningún detalle al aire, el guión nos va llevando por donde han querido los creadores de esta historia, y nos harán pensar y reflexionar al respecto, siempre dejando pistas de lo que puede suceder en la siguiente secuencia.

Una sociedad de los años treinta retratando como valoraban en aquella épocas diversas enfermedades que hoy en día tratamos con normalidad y que en aquél entonces eran mal vistas y catalogadas de psiquiátricas, de locos e incurables, donde se recluía a la gente de por vida.

Es el reflejo de una sociedad enfermiza y no los que padecen la enfermedad si no quienes la censuran, su enfermedad es la intolerancia emocional hacia los demás cebada además por una gran incultura, incluso en caso de facultativos de la medicina.

En este caso el trauma es el llamado Síndrome de Nishida, ya reflejada en “Agnosia”, aquí desde la infancia y sus repercusiones. Esta patología es característica porque aquellos que la padecen no sienten dolor físico, llegando incluso a provocar inestabilidad emocional.

Un gran reparto de calidad, en el plantel masculino dado que es más amplio, Juan Diego, Alex Brendemühl  y Félix Gómez. Tres actores de distintas generaciones y con gran bagaje cinematográfico. Aunque las actuaciones y compenetración en pantalla están bien, hay que destacar que en las imágenes donde coinciden Juan Diego y Alex Brendemühl  el más veterano se come con su actuación a su hijo en la ficción. Eso sí sin descartar por supuesto a la plantilla infantil que ha realizado un gran trabajo.

Una Crítica de Cine de Susana Peral.

 

 

 

 

 

Acerca de Susana Peral

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