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El Último Elvis. La vida y los mitos

Crítica de la película argentina “El Último Elvis”, de reciente estreno en la cartelera de cine de nuestro país.

La verdad que nuestras salas de cine siempre tienen en sus estrenos alguna película hispana, si en semanas anteriores los protagonistas eran los chilenos con “Violeta se fue a los cielos” y “Carne de perro”, este fin de semana pasado tocó abordar el cine argentino y su sensibilidad por entrar en las mentes humanas de los protagonistas como hace en “El último Elvis” del director Armando Bo, siendo esta su ópera prima.

Carlos Gutiérrez, apodado el “Elvis” por sus actuaciones e imitaciones a su ídolo de toda la vida, va a cumplir 42 años la misma edad en la que murió el mito para él: Elvis Presley. Vive en soledad, recién separado de su mujer y su hija y su único objetivo en la vida es subirse a un escenario y cantar las canciones que admira desde siempre pero sólo de un cantante de Elvis, se viste y prepara igual que su ídolo, engorda y adelgazada dependiendo de cómo estuviera el cantante en cada época. ¿Hasta dónde será capaz de llegar por imitarle?.

Descifrar si uno vive en la ficción o en la realidad no debería ser difícil para el ser humano, ahora eso sí para quien vive una realidad paralela a su propia vida y ha perdido casi su identidad es un tanto complicado.

Crítica de "El Último Elvis".

No hay peor cosa en la vida que creerse lo que uno no es, porque la ilusión se puede difumar cual dibujo de lápiz en papel bajo el agua de una tormenta. Uno puede creerse durante unos minutos ser ese mito, ese actor o cantante al que adora, todos soñamos, pero cuando termine ese sueño, actuación o evento bajar al suelo debería ser lo normal porque la realidad y poner en pie las verdaderas ideas y lo que realmente somos sería lo normal y lo que nos mantiene con un referente. Porque finalmente los sueños, son quimeras en muchos casos inalcanzables, aunque haya momentos que parezcan realidad.

Hay momentos que el personaje de “El Último Elvis” me parece una mera pantomima y que va a volverse en cualquier momento a su personalidad en sí, pero no es así, en todo momento Elvis invade el cuerpo y mente de Carlos una persona humilde con ilusiones infinitas por su ídolo, y lo hace de tal manera que en la mayor parte de la película no responde a su propio nombre, sólo lo hace cuando está con su familia, pero no siempre, la cual ha perdido por esas fantasías y vivir en un mundo paralelo imaginario que no le deja dilucidar entre la realidad y la ilusión.

“El último Elvis” es un reflejo de una mitomanía feroz, exagerada, llevada a términos insospechados, comiéndose la personalidad, si es que había, donde ni la propia familia, ni el trabajo se interpone para vivir como y por esa referencia que es la única en su vida, su ídolo: Elvis. Podríamos incluso llegar a pensar si la vida está tan mal en ciertos aspectos que es necesario enmascararse en otra persona para sobrevivir.

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La sensación de soledad y de metas aborda al personaje principal en todo momento sin que a él le agobie ni le produzca una carga todo lo contrario, lo necesita para recrearse en sí mismo, que no es él, si no la sombre de ese cantante que le ha atrapado en el tiempo.

“El Último Elvis” es la primera película de Armando Bó, director argentino, pero no por ello lo notamos en pantalla, quizás incluso tiene ese toque es especial de quererlo darlo todo en la primera, porque le ha dado un halo sombrío a toda la atmosfera que rodea al personaje, su casa, sus actuaciones, sus miradas, te trasmiten inquietud por el desenlace que puede o no sorprender pero que está muy llevado durante toda la trama y uno no lo espera, espera algo más superficial y no tan impactante para lo emocional.

También es la primera actuación del actor John McInerny que encarna al personaje de Carlos, y que nos traslada a su mundo de frialdad, de mitos y de recuerdos, con una mirada fría y ausente que el papel requiere y que lo ha hecho a la perfección.

La película ya ha tenido recorrido por festivales en el 2012 y de hecho en el Festival de San Sebastián consiguió Mejor Película en la Sección Horizontes Latinos. El director es nieto del también cineasta y director Armando Bó por lo que se le está apodando Armando Bó II; su abuelo es conocido por ser el primer director argentino que mostró un desnudo en su país y con cintas de gran carga erótica.

Una Crítica de cine de Susana Peral.

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