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Crítica de “Pie de página”. Lo bueno se hace esperar

Analizamos la película Israelí “Pie de página”, un multipremiado largometraje nominado al Óscar en 2011.

Siempre lo bueno se hace esperar, el tiempo al final es recompensa, porque tener en nuestro haber ahora mismo una película del año 2011 con tantos galardones otorgados, ¿algo tendrá verdad?, pues mucho, todo hay que decirlo.

“Pie de página” de Joseph Cedar, contiene todo aquello que un buen cinéfilo quiere disfrutar un buen guión que combinado con unas perfectas interpretaciones dan lugar a unos minutos interesantes en pantalla dignos de elogiar.

El film ha recorrido muchos festivales y estos han sido algunos de sus premios: 10 premios en la Academia de Cine Israelí, entre ellos mejor Película, Director y Actor, Mejor Guión en Cannes 2011, Premio crítica al mejor guión en el Festival Internacional de Cine de Dublín y en los Oscars del 2011 estuvo nominada a mejor película de habla no inglesa, un gran recorrido por certámenes y con su recompensa.

Crítica de "Pie de página".

Eliezer Shkolnik (Shlomo Bar-Aba) es un reservado académico que vive en un mundo paralelo al resto de sus colegas, tiene una vida solitaria y distanciada también de su familia, ha dedicado y lo sigue haciendo su tiempo al estudio del Talmud, pero su gran trabajo nunca se ha visto recompensado. Su hijo Uriel (Lior Ashkenazi) ha seguido sus pasos, pero sus relaciones son bien distintas, bien relacionado con sus compañeros con una carrera que promete es la envidia de muchos, incluso la de su padre.

Pero un buen día Eliezer piensa que va a ser reconocido su trabajo, le comunican que va a obtener el Premio Israel, uno de los mayores honores para académicos como él, de ahí en adelante las tornas cambiarán y ese premio harán que afloren envidias, vanidades y egos personales y profesionales, hasta que una broma del destino pondrá a todos en su lugar ó no.

Siempre me han maravillado las historias de padres e hijos, porque quien no tiene implícita en su historia alguna anécdota o vivencia con su padre o madre, y en muchas ocasiones, más que vivencias desavenencias, quien esté libre que levante la mano.

Con “Pie de página” me vino a la cabeza otra película que trata un tema similar “Still Walking” de Hirokazu Koreeda, donde el distanciamiento es tal entre el padre y el hijo que solo la madre es capaz de mediar entre ambos, esta película en su día me fascino al igual que ha hecho el film que tratamos, haciéndome meditar, como buena película que es, sobre los retorcimientos familiares y las causas de los mismos, todo seguramente por no dialogar y evitar la comprensión, y ante todo esconde o mitigar el respeto.

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En ambas películas me llama la atención que la mujer aunque queda en un segundo plano por la cultura, finalmente manda más que el hombre, porque aquí en la sombra, en la distancia la madre y la mujer dicen mucho más casi sin hablar que los respectivos maridos, porque valen más los actos que las palabras, los abrazos y el apoyo que la distancia.

El guión de “Pie de página” desmenuza con mucha sátira a los personajes y a la sociedad en sí, a la hipocresía y a los dobleces del ser humano, todo ello con una crítica mordaz, constructiva y puede que en momentos destructiva si el personaje no reacciona a todos los acontecimientos que suceden en el metraje, esos premios y recompensas que no son otros que enfrentamientos a cuerpo abierto por una rivalidad y por una virilidad fuera de lo común entre padre e hijo, y también entre colegas, porque las puñaladas por la espalda por la envidia no están exentan de verse también.

Hay que tener en cuenta que aunque la película tenga su parte de dureza también contiene una parte sensible y cómica al mismo tiempo.

La simpleza y llaneza de los diálogos dan paso a la complejidad de lo narrado, del interior de un personaje inteligente, pero encerrado en sí mismo, sin saber liberar sus sentimientos, ni para bien ni para mal, pero eso también es una herencia que entrega a su hijo y no se dan cuenta.

En el ego de los protagonistas de “Pie de Página” fluye a borbotones en la frustración y la rabia interior que se muestra en su semblante, con la incapacidad de reaccionar ante los acontecimientos, ante los envites de la vida, ante los sentimientos, que ves que en su mirada están inmersos pero tan sucumbidos que no pueden aflorar.

La verdad que el cine israelí me trasmite mucho (lástima que nos llegue tan poco), es pausado pero intenso, comedido pero emocional, contándome historias cotidianas del ser humano y buscando el interior de las personas, directo al corazón, además de normalmente saber utilizar muy bien la ironía y el sarcasmo. Todo esto emana de las interpretaciones que son naturales a la par que magistrales, contando mucho y no solo en los diálogos si no en las expresiones que al final es lo fundamental.

Acerca de Susana Peral

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