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Crónicas de Sitges. (No tan) Lejos de lo fantástico

Continuamos con nuestras Crónicas del Festival de cine fantástico y de terror de Sitges, analizamos “Real”, “Gente en sitios” y “Much ado about nothing”.

Atravesando ya el meridiano del festival, con la cabeza empezando a bullir de tantas películas que hemos podido ver, el miércoles 16 asistimos (café con leche mediante) a uno de esos días en los que Sitges demuestra por qué es el festival ecléctico por excelencia.

Alejado ya desde hace años de una concepción cerrada del género, el festival programa muchas películas que o tratan el terror desde una nueva perspectiva o simplemente son tan sorprendentes que aunque en ellas no haya ni un solo grito se consideran dignas de ser vistas. En este sentido, pudimos ver “Real” la nueva apuesta, alejada del terror que le hizo popular, del japonés Kiyoshi Kurosawa, la cómica colección de cromos del genio del bajo presupuesto Juan Cavestany, “Gente en Sitios” y la sorprendente adaptación de Joss Whedon de la obra clásica de Shakespeare “Much Ado About Nothing”.

Kiyoshi Kurosawa "Real".

Como ya hemos comentado, en “Real” Kurosawa abandona el sobrio terror que ha dominado filmes como “Pulse” (muestra destacada de esa ola de producciones asiáticas de género que invadió nuestros mercados hace algunos años, justo antes de ser reinterpretada de manera vulgar por la industria de Hollywood) para narrarnos una trama eminentemente dramática cuya originalidad estriba en el giro de ciencia ficción que nos propone. Así, el punto de partida no podría ser más trágico (una artista manga intenta suicidarse y entra en un coma profundo, su novio se queda solo en el mundo) pero la imaginación va al rescate de una historia con muchos puntos en común, salvando las distancias, con muestras del cine comercial entre romántico y fantástico como “Inception” o “¡Olvídate de mí!” (traducción nefasta de un título original brillante).

El novio entrará, gracias a un aparato médico puntero, en la mente dormida de su amada; allí tendrá que seguir una serie de pistas mientras habla con ella y atraviesa distintos escenarios del pasado, en un evocador mundo onírico construido en base al pasado que ambos compartieron. La dirección, contenida pero efectiva, de Kurosawa aporta mucho a un filme que no propone ideas verdaderamente novedosas pero que acaba siendo una reflexión digna acerca del poder del pasado y la posibilidad de cambiarlo o tener que vivir a su merced (en la línea de producciones asiáticas como “Old Boy”, las acciones de nuestra infancia afectarán al resto de nuestra vida); su extraño final, en el que la sobriedad escapa por la ventana para ser sustituida por una especie de guiño al cine de monstruos, es uno de los picos más entretenidos (no por ello más valiosos) de un producto irregular en su globalidad.

gente-en-sitios

Juan Cavestany, que lleva ya sus buenos años escribiendo un teatro que, bebiendo de lo cotidiano, raya en ocasiones en el absurdo, ha iniciado últimamente una racha de películas de bajísimo presupuesto (lo cual se hace notar sobre todo en la calidad de la imagen, dado que el trabajo de los actores es excelente al ser gente muy reconocida) cuya última muestra es “Gente en Sitios”. Acumulación, caótica pero interesantísima, de sketches protagonizados por un plantel de sufridoras estrellas del cine español o de sus ramificaciones online recientes (Maribel Verdú, Antonio de la Torre, Ernesto Alterio, Dídac Alcaraz, Miguel Esteban, Raúl Arévalo o Carlos Areces, por citar unos cuantos) el filme puede clasificarse como una especie de “cajón de-sastre” (en su extraña exploración multifacética de la catástrofe cotidiana) en el que un montón de amigos de Cavestany se lo pasan bien en las situaciones más absurdas y kafkianas (un sistema de espaldas al individuo, confuso en una situación rarísima pero con una extraña lógica interna) que hayamos visto en mucho tiempo.

Se mezclan, pues, piezas eminentemente humorísticas (entre el surrealismo buñueliano, el costumbrismo y el esperpento) con otras en las que se elaboran rápidas pero valientes críticas al sistema y algunos fragmentos poéticos que nadan en el enigma, todo ello relacionado (o eso queremos pensar) más de una manera intuitiva y sugerente que de modo realmente palpable. Nueva muestra de la excelente salud de la que goza el cine de autor de bajo presupuesto en nuestro país (a pesar de que ciertos gobernantes se empeñen en lo contrario, quizás olvidando que aparte de Garci y Almodóvar existen otros cineastas), “Gente en Sitios” dispara sus ideas de modo similar a como las luces parpadean antes de encenderse del todo: intuimos la catástrofe, pero la imagen de conjunto se pierde y es sustituida por estos estallidos de genio.

Joss Whedon junta también a sus amiguetes en su adaptación contemporánea de la comedia shakesperiana “Much Ado About Nothing”, y lo hace conservando el texto original para aprovechar los contrastes que se generan entre aquellas palabras tan poéticas y elevadas y los actores (magníficos) que las interpretan, un grupo de adinerados progresistas de Hollywood. Así, más que producirse una colisión entre los estilos del genio inglés y el de Whedon (responsable, no lo olvidemos, de productos tan alternativamente trágicos y pop como “Buffy Cazavampiros” o, cómo no, la divertidísima-carísima “Los Vengadores”, tras la cual este filme parece una pequeña broma, un caramelo), el cineasta norteamericano muestra su amor por el texto original incorporándole matices propios de nuestro mundo contemporáneo (impagable la aparición de los smartphones y los reproductores digitales de música, que dan un nuevo sentido a las palabras originales) pero conservando toda su fuerza expresiva.

A esto contribuyen enormemente los excelentes actores, casi todos ellos pertenecientes al universo de Whedon de una forma u otra; Nathan Fillion, Clark Gregg o un sorprendente Fran Kranz (el porrero tan lúcido de la inédita en nuestro país pero imprescindible “Cabin in the Woods”) lo bordan en especial y hacen sonreír con su mera presencia, y junto con el resto de intérpretes consiguen que un texto tan recargado suene mejor que nunca. Vacía, eso sí, de verdaderos méritos cinematográficos u originalidad más allá de lo interesante de su propuesta, “Much Ado About Nothing” es una pequeña película simpática y cómica, rodada en menos de un mes y en la propia casa de Whedon, que hace un uso aceptable de su estética en blanco y negro (lo cual apelará, inevitablemente, al campo semántico de lo moderno con un toque snob, precisamente la intención del juguetón director) y que gustará tanto a los fans del señor Whedon como a aquellos a los que aburra/encandile la lectura de Shakespeare y quieran echarle un ojo a esta reinterpretación moderna y accesible.

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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