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La brujería a través de los tiempos: Hechiceras en el cine (1)

Desde Cineralia, queremos proponeros una lista con las que consideramos las películas protagonizadas por brujas más interesantes, en este especial dedicado a la brujería.

Las brujas son alternativamente símbolo de un trágico periodo de la historia en el que la religión estaba por encima de la razón, icono pop que podemos encontrar allá donde miremos (disfraces, películas, series, música…) y, en esencia, tótem tangible de ese terror que todos los hombres le tienen a las mujeres (no en vano la figura de la hechicera surge en un periodo en el que el mito sepultaba la realidad).

Tratadas de muchas formas (con mayor o menor respeto) por muchos cineastas a lo largo del último siglo, a continuación os proponemos cinco filmes paradigmáticos, cinco películas protagonizadas por brujas, unas más populares que otras, que coinciden en su acercamiento a la figura de la bruja femenina. Se trata de películas que podríamos considerar lejos del cine contemporáneo, propias de otras épocas y maneras de entender el séptimo arte; en unos días completaremos la lista con otras cinco propuestas más cercanas al cine actual.

  • Cinco películas protagonizadas por brujas (1)

Haxän (1922):

Películas protagonizadas por Brujas, especial

El danés Benjamin Christensen sorprendió a propios y extraños con esta perla del cine mudo en la que se efectúa un expresionista recorrido histórico de la figura de la bruja; parte documental y parte ficción (con escenas que “reinterpretaban” diversos momentos históricos, muy en la línea del drama de época nórdico del momento, más naturalista que el alemán), con una atención al detalle destacable, el filme es una maravilla que preconfigura muchos de los tópicos que la bruja irá acarreando a lo largo de la historia del cine: servidora del diablo pero también curandera, vieja desdentada pero también peligro erótico.

E incluso funciona como primitiva película gore, mostrando con todo lujo de detalles unas torturas, amputaciones y diversas muestras de violencia gráfica que la puritana industria estadounidense no tardaría mucho en desacreditar. Curiosamente, tras el gran éxito del filme, Christensen acabaría trabajando, como muchos otros europeos, en la fábrica que empezaba a ser Hollywood; no hallaría nada parecido a la fama que había dejado en su país de origen, dirigiendo una serie de comedias de terror bastante prescindibles.

El Mago de Oz (1939):

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Primer prototipo hollywoodiense de la bruja occidental que ha acabado sedimentado en nuestro imaginario (es decir, vestida de negro, con un sombrero de punta, escoba y con la piel de color verde), la malvada bruja del Oeste es el antagonista principal de la mítica película de Victor Fleming, muestra imprescindible del incipiente poder del Technicolor.

Dueña de un ejército de monos voladores y con cierta alergia al agua, Margaret Hamilton interpretaría en esta ocasión a una bruja que en sucesivas ocasiones ha sido recuperada para otros propósitos; la novela de Gregory Maguire “Wicked” (que más tarde acabaría adaptada al formato musical de Broadway) la convierte en la protagonista de una historia más dirigida a los adultos que a los niños. Por su parte, El Mago de Oz es una verdadera muestra del poder técnico y artístico del Hollywood de finales de los treinta y una especie de cajón de sastre de la cultura popular, cuyo legado se deja sentir en casi todos los medios que uno se pueda imaginar.

La máscara del demonio (1960):

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El italiano Mario Bava iniciaría su legado como uno de los mejores cineastas europeos de terror con este filme, protagonizado por una también en ascenso Barbara Steele, que narra el vengativo retorno de una bruja quemada siglos atrás en la hoguera.

Cinematográficamente preciosa, con ecos tanto del terror clásico de la Universal (en el que, curiosamente, no hubo ninguna película dedicada enteramente a la figura de la bruja) como de algunos intentos previos del cine italiano de conformar una película de terror, La máscara del demonio influirá en muchos cineastas del género por todo el mundo (Tim Burton o el Drácula de Coppola, por ejemplo) y es una muestra paradigmática del poder del cine europeo de terror de los sesenta y setenta para combinar los presupuestos ajustados con un poder visual apabullante (aunque, en este caso, Bava aún no haga uso de sus queridísimos filtros de colores).

Suspiria (1977):

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Perfecta para conformar un programa doble sobre el cine de género italiano junto con La máscara del demonio, Suspiria es para muchos la mejor película del venido a menos Darío Argento, primera entrega de su trilogía de Las Tres Madres dedicada a las brujas (completada por Inferno y La terza madre, lamentablemente cada una peor que la anterior).

En el filme, cuyo argumento es una muestra idónea del delirante y onírico cine que practicaba su director en aquella época, una aspirante a bailarina estadounidense (la estupenda Jessica Harper) llega a una academia de ballet alemana comandada secretamente por un aquelarre de malvadas brujas.

Estallido de color, con una fotografía y diseño de arte que se mueven más hacia la abstracción que hacia lo tangible y un guión que va simplificándose hasta convertirse en una mera excusa para el caramelo visual, Suspiria muestra a algunas de las brujas más despiadadas de la historia del cine en una secuencia final para el recuerdo, que es mejor que no revelemos; y trabaja muy bien un erotismo rarificado que pocos directores han sabido tratar mejor que Argento. Y si nada de esto os convence, atención: Miguel Bosé tiene un pequeño papel como bailarín en el que demuestra lo bien que sabe hablar el italiano (y lo mal que sabe actuar).

Las Brujas (1990):

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Adaptación más o menos interesante del imprescindible libro de Roald Dahl (verdadero motivo por el que la incluyo en esta lista), el filme narra la lucha entre un niño y su abuela y un ejército de brujas calvas (capitaneadas por una terrorífica Anjelica Huston en un papel que le va que ni pintado) en un hotel de la costa inglesa en el que nada es lo que parece.

Supuestamente para niños pero en realidad lo bastante siniestra como para incomodar al más crecido, la película posee algunos efectos de maquillaje realmente destacables, obra (última) de Jim Henson; y aún cambiando el final del libro (quizás demasiado pesimista) sigue resultando una película como mínimo perturbadora, ya sea para bien o para mal. Así, en Las Brujas, Dahl imaginó  a estos personajes no tanto como mujeres con escobas, sino como oscuras damas de la alta sociedad que ocultan su calvicie bajo una peluca y se dedican, esencialmente, a comer niños de la forma más truculenta posible; la película recoge este canon añadiéndole una planificación turbia y unas actuaciones, por lo general, bastante dignas.

Seguid atentos a Cineralia para descubrir, en los próximos días, la segunda parte de este especial sobre películas protagonizadas por brujas. ¿Creéis que falta alguna película, tenéis una recomendación que hemos pasado por alto? Podéis dejarla en los comentarios o en nuestra página de Facebook.

 

 

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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