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Cuando el Diablo se aburre… Especial Posesiones Demoníacas (1)

En Cineralia os desvelamos la primera parte de nuestro top ten particular de filmes con temática diabólica: posesiones demoníacas, exorcismos…

…y demás parafernalia conviven en este subgénero, en muchos casos patrimonio del cine de terror, que explora la influencia del maligno en nuestras vidas.

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Sí, es Semana Santa y lo normal sería hablar del reverso luminoso del asunto, pero nos gusta llevar la contraria. Como dice Matthew McConaughey en los compases finales de la, por otro lado abiertamente diabólica, True Detective, la historia más antigua de todas es la que narra la lucha entre el bien y el mal; y el cristianismo, moldeador de nuestra cultura occidental, no tardó en atribuirle el bien a Dios y el mal a Satán, ese señor de las tinieblas que a lo largo de la historia ha servido de cabeza de turco para matanzas religiosas, leyes anacrónicas y creencias demenciales. Sí, el mal existe, pero está sobre la Tierra y no en lo más profundo de ella, lo ejercen los hombres y no esa entidad adversa a todo lo bueno que hemos dado en llamar el Diablo.

Y sin embargo, el mito es algo muy poderoso e incluso en pleno siglo XXI ningún arte puede dejar de sentirse atraído/repelido por la idea de poder echarle la culpa de todo lo malo que sucede en el mundo al señor de las tinieblas; a lo largo de su primer siglo de vida, el cine ha recogido tradiciones literarias y plásticas muy diversas a la hora de representar al demonio, tomándolo en ocasiones como desencadenante de una matanza camp, en otras como eje dramático en medio de una trama solemne, y en otras como cómico contrapunto más allá de lo terrenal, como un corredor de apuestas loco que controla a la humanidad (¿alguien dijo Job?). El demonio, en fin, ha acabado siendo una figura dramática intercambiable que muchos directores, de terror pero también adscritos a otros géneros, han utilizado a favor de sus estilos personales.

En este especial, dividido en dos partes, hacemos un repaso a algunas películas que tratan posesiones demoníacas; hemos intentado evitar aquellos que representen de manera directa al diablo (es decir, por sí mismo y no dentro de un ser humano, poseyéndolo), ya que entonces el alcance del especial sería inabarcable. Tema altamente polémico, por el componente “documental” que muchos quieren darle, los lectores comprobarán que en el mundo anglosajón es sólo a partir de los años cincuenta, cuando las estructuras censoras empiezan a retirarse, que se permite tratarlo de manera abierta, llegando a su cénit en los setenta y ochenta, ligado en especial al cine de presupuesto bajo o medio y, de algún modo, decayendo a lo largo de las últimas décadas.

  • Cinco posesiones demoníacas (del 10 al 6)

10. El Engendro del Diablo (La Chiesa, Michele Soavi, 1989):

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Con ese título, nos parecía un buen lugar por el que comenzar (aunque si uno se fija bien, el original La Iglesia suena mucho más ambiguo que el que nos tuvimos que tragar en España-gracias, distribuidoras). En un filme que se desarrolla en dos tiempos (la Edad Media, durante la construcción de, sorpresa, una iglesia y la época contemporánea, cuando esa misma iglesia se cierra mediante un extraño mecanismo, dejando aislados a un grupo de personas en su interior), el joven y talentoso Michele Soavi (imprescindibles Aquarius y Mi novia es un zombi) remakea inteligentemente Demons (no en vano pertenecen a la misma y oportunista saga, que pretendía capitalizar el éxito de la primera) dándole a todo un carácter gótico y pétreo y dejando un poco de lado el espíritu punk  de la original (pero sin quitar, menos mal, las toneladas de sangre).

Con Dario Argento como productor (no en vano su hija Asia, por entonces jovencísima actriz, es una de las protagonistas), la película posee además una banda sonora demencial y rockera compuesta por Keith Emerson y Philip Glass, con algunas canciones de Goblin, los encargados de la excelente banda sonora de, por ejemplo, Rojo Oscuro.

Aquí, el diablo asciende desde las profundidades del sótano de la iglesia, afectando a los visitantes como una especie de siniestra epidemia que les hace comerse unos a otros. Aunque no ha envejecido bien del todo, y tiene ese toque camp y falsamente artístico de muchas producciones italianas de terror de los setenta y ochenta (igual esa es la gracia), “El engendro del diablo” es ideal para olvidarse del diablo solemne y disfrutar con la vertiente más lúdica de su influencia en nuestro mundo.

9. El Exorcismo de Emily Rose (The Exorcism of Emily Rose, Scott Derrickson, 2005):

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De la pléyade de imitadores surgidos tras el enorme éxito de El Exorcista de Friedkin, probablemente este filme sea el más logrado: inspirándose en el caso de Anneliese Michel, una joven alemana que al parecer fue poseída y acabó falleciendo tras una sesión de exorcismo demasiado liberal, Derrickson combina con eficacia el drama judicial y el filme de terror austero que muchos otros evitaron a la hora de tratar una posesión. Así, durante el juicio al sacerdote encargado del último exorcismo a la niña, se van produciendo diversos flashbacks, inteligentemente bien distribuidos, que aportan el contrapunto de género al realismo del juzgado.

Con una interpretación magnífica de Jennifer Carpenter (que luego protagonizaría Dexter), que consigue que olvidemos el obvio y constante referente del filme de Friedkin construyendo una personalidad en su personaje más allá de las salvajes sesiones de exorcismo, la película va acumulando tensiones (naturales y sobrenaturales) hasta llegar a un final un pelín demasiado alocado, que sin embargo no desmerece el resto de la cinta, y es un intento de poner sobre la mesa el polémico tema de la creencia (o no) en la existencia de posesiones demoníacas verdaderas.

8. Paranormal Activity (Oren Peli, 2009):

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La película más provechosa, económicamente hablando, de la historia (costó unos 15.000 dólares y recaudó alrededor de 200 millones) Paranormal Activity demuestra que la técnica del found footage, aún habiendo sido utilizada hasta la saciedad, aún funciona en un público impresionable cuando estos llegan a creerse que lo que están viendo en pantalla es real. Utilizando las grabaciones domésticas (primero de videocámara, luego de cámara de seguridad) de Katie y Micah, una joven pareja que se muda a una gran casa, la película hace un uso más que notable del fuera de campo, consiguiendo que una puerta que se cierra o un plato que se rompe provoquen más terror que el peor de los monstruos.

En este caso, lo que está poseído es Katie y, por extensión, su casa (como un Poltergeist austero y de bajo presupuesto), y el filme consigue ir acumulando una serie de terrores cotidianos (al final, la clave del éxito del found footage) que convierten el hogar de la joven pareja en una de las geografías más espeluznantes que uno recuerda. Tras el éxito de la primera entrega, Paramount se lanzaría a la producción de toda una saga que utiliza mecanismos similares, y que en sus primeras entregas no estaría mal del todo, pero que ya no da ni la mitad de miedo, entregada a la exposición de terrores cada vez más explícitos y olvidando que el monstruo que más miedo da es aquel que nos atrapa en la oscuridad.

7. Expediente Warren (The Conjuring, James Wan, 2013):

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Otra ración de casa endemoniada + familia ilusionada que se muda allí = festival de gritos, pero que en este caso consigue sobresalir por encima de la media con un inteligente guión de los hermanos Hayes que, bebiendo directamente de otros clásicos del género (véase Terror en Amityville) suspende y alarga las escenas de tensión de un modo que hacía mucho tiempo que no se veía en una sala de cine. Con una logradísima estética retro y un gusto muy justificado por las virguerías que permiten realizar las cámaras digitales (travellings alocados, entre otras cosas), James Wan consigue mantener su cetro de cineasta del terror, tras crear la saga Saw y la dupla formada por Insidious y su secuela.

Inspirada también por el caso real del matrimonio Warren, exorcistas a domicilio, Expediente Warren consigue, aunque sea en parte, lo que a muchas películas de terror se les olvida: construir dramáticamente a sus protagonistas. Centrándose en las tensiones que se producen en el matrimonio de investigadores (sobresalientes Patrick James y Vera Farmiga) y profundizando en la idiosincrasia de una familia estadounidense media de los setenta, la película satisfará a los puristas del terror, que rechazan la sobre-exposición a la que nos enfrentamos hoy en día, aunque sólo en parte: una vez más, en el tramo final el tren se sale de los raíles, desembocando en un festival de efectos digitales y gritos demoníacos que, en todo caso, no desmerece el resto de la cinta.

6. El Príncipe de las Tinieblas (Prince of Darkness, John Carpenter, 1987):

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En la lista de grandes clásicos del terror de Carpenter (La Cosa, Halloween y su secuela o They Live) no suele aparecer esta pequeña joyita que, inspirada en los telefilmes de la BBC protagonizados por el doctor Quatermass, enfrenta religión y extraterrestres saliendo totalmente airosa del brete. El director moderno de terror más clásico de todos, Carpenter parece ofrecer un contrapunto sci-fi a los filmes de Howard Hawks o John Ford, encerrando a un grupo de científicos en una iglesia para determinar si la masa verde de su sótano, pura encarnación del mal, es mesurable empíricamente. Obviamente, se quedarán encerrados y el exterior se convertirá en la desolación más absoluta (impagable la barahúnda de homeless asesinos, capitaneados por Alice Cooper), tras lo cual empezarán las posesiones demoníacas.

Muestra de la obsesión de su director (que también escribe el guión, bajo seudónimo) por la teoría de partículas y la física cuántica, El príncipe de las tinieblas ofrece una nueva perspectiva del diablo y de toda la religión cristiana en general, caracterizando al señor de las tinieblas como antimateria extraterrestre, como un campo negativo capaz de destruir, literalmente, nuestro Universo. Aún con desvaríos realmente notables (incluida una transmisión desde el futuro que les llega a los protagonistas a través de sus sueños) y una calidad en ocasiones rayana en la serie B, la película entretiene y propone un interesante debate, aunque ligero, entre los poderes contemporáneos de la religión y los de la ciencia, cuando los primeros piden ayuda a los segundos al aceptar que sus asuntos espirituales deben ser medidos de manera científica.

 

Acerca de Ricardo Jornet

Simpático redactor de Cineralia; no tan simpático estudiante de cine.

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