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Crítica de ReMine, el último movimiento obrero

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Marcos M. Merino eligió un documental en momento real para su debut en la gran pantalla como director y contarnos de primera mano las protestas y reivindicaciones del movimiento minero que se vivió en Asturias.

En ReMine, el último movimiento obrero 4.000 mineros en Asturias deciden que ha llegado el momento de declararse en huelga indefinida hasta que sus voces se hagan escuchar por todos los recortes que se les está imponiendo. Además en esa huelga se crean protestas que van desde cortar carreteras, encierros en las minas y una marcha hacia Madrid con 500 kilómetros por delante para hacerse oír.

Se nota la inmersión del director en plena huelga, en plenas protestas y cómo va contando como si de un diario se tratase lo que a esos 4.000 mineros les ocurren, tanto personal como profesionalmente durante esas jornadas.

Es un directo por momentos agobiante, por el fondo que se muestra, no es fácil trasmitir lo que ellos sienten con imágenes y las palabras a veces no son suficientes. La fuerza se impone por momentos en pantalla y hace que te sobrecojas, es la fuerza de la impotencia no la física, ante las situaciones que se exhiben en ReMine, el último movimiento obrero y que sabiendo a toro pasado lo que ocurrió, crea cierta impotencia en el espectador.

Hay algo que me falta en el documental, puede que a fecha de hoy no sea necesario pues los hechos son muy recientes, pero para que este trabajo quede como un acto de documentación y archivo sería necesario que las imágenes hubieran sido acompañadas de las fechas en las que suceden los hechos.

ReMine, el último movimiento obrero ofrece una inteligente visión por muchos ángulos, pues muestra parte positiva y negativa de éstas personas, pero siempre persiguiendo un fin y unos derechos. Está bien no querer poner toda una balanza positiva en una parte sino exhibir los hechos y dejarlos a debate. Incluso he de decir que me gustaron los debates y las riñas entre los mineros defendiendo cada uno su postura en ciertos momentos, aunque pudieran extremas, para mí tenían toda la credibilidad del mundo y me dieron ese punto de partida para plantearme muchas cosas, pues el debate, incluso entre ellos quedaba abierto.

 

 

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