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Crítica de Stardust (2007)

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Stardust es un eructo ‘british’ del narrador de un cuento sobre princesas y dragones

“Por ti, iría hasta los campos dorados de San Francisco y te traería tu peso en oro”. Cientos de veces hemos escuchado las lisonjeras frases de un galán medieval cortejando a una damisela que se presenta inalcanzable. Pero pocas hemos visto contada esta historia como en Stardust (2007), una comedia romántica aventurera que se sale humorísticamente de los márgenes de la encuadernación antigua del cuento arquetípico.

El director Matthew Vaughn probablemente sea uno de los más regulares en su filmografía. Debutó en 2004 con los que en la actualidad serían unos padrinos de excepción (Tom Hardy y Daniel Craig) en Layer Cake. Recientemente, ha estrenado con sorprendente éxito en crítica y público Kingsman: Servicio secreto (junto a Colin  Firth) y antes venía de revitalizar la saga X-Men y ejecutar la Kick-ass original, parodia negra y de culto sobre superhéroes que dejó el listón demasiado alto para su secuela. En Stardust, Vaughn toma como premisa la novela de Neil Gaiman llevándola a la gran pantalla con una estética visual cuidada con vaho y frote de camiseta, unos personajes irreverentes (destacando la gran aparición de Robert De Niro, además de la encantadora pareja formada por Charlie Cox y Claire Danes, mucho más sonriente previa a su interpretación de la agobiante y obsesiva protagonista de Homeland) y ese toque de humor inglés que diferencia al filme del resto de largometrajes. Y es que Stardust es un eructo de fish and chips del narrador en mitad de un cuento épico sobre princesas y dragones. Una mofa que busca constantemente el giro cómico de unos acontecimientos tan contrariamente rígidos de las sociedades medievales.

Stardust se confirma como un filme entretenido, con esa peculiar apariencia steampunk (subgénero artístico basado en mezclar normalmente fantasía con tecnologías de vapor encuadrados en la época victoriana) que la hace más atractiva que otras opciones relacionadas como Caballeros, princesas y otras bestias (su rudeza es proporcional a su ausencia de gracia).

Acerca de Sergio G. Arias

Estudiante de Periodismo. Pienso, luego escribo. Colaborador en https://www.cineralia.com/ y Redactor en http://www.elfutbolesinjusto.com/ y http://www.loslunesseriefilos.com/

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