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Crítica de Invisibles

2.5

Crítica de Invisibles

Bienintencionado drama sobre los sin techo al que le falta la necesaria fluidez narrativa.

Un bienintencionado y muy bien interpretado filme que pretende agitar las conciencias.

Viven entre nosotros y pasan a nuestro lado casi todos los días, pero casi nunca los vemos. Son los indigentes que deambulan sin rumbo fijo por cualquier población más o menos grande. Ellos son los protagonistas de Invisibles.

Crítica de Invisibles

El director Oren Moverman, responsable de cintas basadas en hechos reales como The Messenger y Rampart, ha encontrado la inspiración en esta ocasión en el día a día de los sin techo de la ciudad de Nueva York. Su intención es llevar a primer plano a unas personas que se han convertido en poco más que elementos del decorado de las grandes metrópolis.

El cineasta decide rodar gran parte de las peripecias del anciano protagonista, un hombre que perdió el norte una década atrás y tiene una hija con la que mantiene una tensa relación, como si fuera un documental. En muchos casos, opta por planos generales alejados de los personajes o rueda a través de cristales y ventanas como si se tratase de una cinta de no ficción o una cámara oculta. A la vez, especialmente en las escenas de calle, utiliza el sonido ambiente para reflejar la escasa relevancia de los sintecho que parecen meros comparsas en un decorado donde las conversaciones más triviales parecen tener más relevancia que ellos mismos.

No obstante, en el ámbito temático, la cinta aborda de forma un tanto superficial demasiados asuntos, desde las razones que llevan a muchos a terminar viviendo en la calle, pasando por las condiciones de los albergues en los que pernoctan o el presupuesto que se gasta el Estado en atenderlos, muy superior al que podría servir para que pudieran vivir en sus propias casas. En este sentido, la película acusa en ciertas ocasiones cierta obviedad y falta de sutilidad.

Moverman, que ejerce también de guionista de la cinta, incluye algunas de sus reflexiones en forma de diálogos sentenciosos y un tanto forzados que restan credibilidad a su trabajo, precisamente lo que el realizador parece perseguir a toda costa. Por otra parte, la relación entre el protagonista y su hija, una joven que tuvo que pasar su adolescencia con su abuela, está muy mal desarrollada y nunca acaba de resultar lo relevante que debería. Tampoco el ritmo mortecino y las reiteraciones de la historia ayudan a que el largometraje levante demasiado el vuelo.

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En favor del largometraje, además de la valentía de abordar un tema tan poco comercial e intentar alejarse de la aburrida estética de telefilme, hay que señalar su estupendo reparto. Richard Gere, un actor demasiado acostumbrado a la sobreactuación, sorprende con un trabajo bastante contenido que refleja perfectamente a ese hombre perdido que no sabe cómo salir de su situación. También sobresalen Kyra Sedgwick, en el papel de una indigente que se gana la vida recogiendo residuos; Ben Vereen, entrañable como pordiosero hablador, o la joven Jena Malone, que encarna con fuerza el algo desdibujado personaje de la hija que siente rencor hacia ese padre que la abandonó cuando apenas era una niña.

En definitiva, Invisibles es un bienintencionado y muy bien interpretado filme que pretende agitar las conciencias de esos espectadores que no se han parado a pensar lo mucho que se sufre cuando se vive en la calle, pero olvida que esas honorables intenciones no son incompatibles con una narración fluida.

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