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Crítica de Maestà, la pasión de Cristo

Maestà es la ópera prima de Andy Guérif, cualquiera lo diría después de ver la proeza que la logrado con su obra.

No solo son los grandes estrenos lo que invaden estos días la cartelera de cine, también hay pequeños espacios que comparten con los espectadores obras que merecen la pena disfrutar con gran detalle como es Maestà, La pasión de Cristo que estará desde el día 24 al 27 en Cineteca de Madrid, y que esperemos que pase a más salas, pues esta pequeña gran obra lo merece.

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Maestà es la ópera prima de Andy Guérif, cualquiera lo diría después de ver la proeza que la logrado con su obra, donde el director ha dotado de movimiento a La Maestà la obra maestra de Duccio di Buoninsegna, para la Catedral de Siena realizada en 1308-1311. Está realizada en 26 retablos representando la procesión por las calles de la ciudad. En su día significó un avance en el estilo pictórico y en la narración de la historia por medio del arte visual.

Maestá, la pasión de Cristo, es un excelente trabajo, exhaustivo y exquisito donde los detalles se van deslizando lentamente por nuestra retina, por los retablos recreados y deteniéndose en su interpretación hasta convertirse en el propio cuadro que representa, para volver al movimiento y pasar el siguiente retablo.

En ese cambio de retablo la tonalidad cambia, cuando el movimiento desaparece, los colores más vivos se apagan y desaparece el brillo dando el empaque necesario para dar la veracidad necesaria de estar visionando el cuadro en sí y no lo que estamos viendo.

Por momentos aunque pensemos que estemos ante una película, uno se ve tan inmerso en el contexto del acto que más pareciese que estuviésemos ante una representación teatral con sus pasos, con sus actos y entreactos donde los actores pasan de un escenario a otro, dando paso a cada liturgia a cada significado de cada escenario con gran exactitud.

Aunque puede parecernos que a priori el trabajo no es novedoso, pues últimamente la pintura estaba bastante inmersa en nuestro cine, como títulos que se vienen a la cabeza como “Mr. Turner” o “El gran Museo pero principalmente lo más parecido es El molino y la cruz de Lech Majewski que recreaba “El camino al calvario” de Pieter Brueghel sacando 12 de los personajes del cuadro a recrearnos una historia.

Aquí en Maestà la peculiaridad es que Andy Guérif no ha sacado nada al exterior lo ha mantenido todo en sus escenarios originales, en los 26 retablos dando vida a la pintura, y expresando en movimiento la historia que plasmó en lienzo el pintor, desde la entrada en Jerusalén hasta el Camino a Emmaüs. Y en concreto esta obra viene en la época adecuada en la que nos encontramos, Semana Santa, representando fielmente el final de una historia, el antes y el después de Cristo, durante sus últimos días y  el significado que tiene para los creyentes.

Y aun así este trabajo está dirigido a todos los públicos, sobre todo a los amantes de los pequeños detalles dentro del  séptimo arte, pues el film los tiene y mucho, pues el director ha impartido una clase magistral de credibilidad en cada representación que ha escenificado mucho más allá de la palabra, pues cada movimiento ha contado más.

 

 

 

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