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Crítica de Un doctor en la campiña

La película obtuvo un gran éxito de taquilla en Francia, superando el millón y medio de espectadores.

François Cluzet, que siempre será conocido por su interpretación en Intocable, pues puede que su actuación más comercial y mediática, es de esos actores que después de estar en pantalla más de 30 años, no nos deja de sorprender en sus papeles. Aquí en Un doctor en la campiña de Thomas Lilti, su papel es más sereno, buscando el ritmo entre la comedia y el drama, con un toque un tanto intimista que le da el porte fundamental a la película.

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Jean-Pierre, es un doctor rural que se vive y desvive por atender a todos los habitantes de la zona de la campiña donde ejerce su profesión. El no solo se preocupa de su salud, sino también de ser un poco su confesor y apoyo en todo. Ahora le toca a él ser el paciente, aunque se resiste a retirarse si admite la ayuda de otra doctora, Nathalie, ella deja su trabajo en el hospital para ser su ayudante. ¿Serán capaces los dos de compenetrarse en esta faceta?

El filme nos desarrolla el dicho de que la vida es una gran noria que embiste cuando uno menos se lo espera. Queda patente y latente en el guion que el hecho de ser alguien en un ambiente en concreto no le exime de caer en las garras de lo que propiamente ahí se trate, paliar o prevenir.

Un doctor en la campiña se convierte desde el primer momento en una road movie vital donde los protagonistas viajan hacia su interior, dejando a exposición poco de los que les duele, pero sí finalmente se refleja en actos.

Esconde en el fondo esa lucha tan común de la supervivencia al interior de uno mismo y el ego poco fundamentado pero que no deja de ser el caparazón de defensa, de excusas para la confesión al mundo exterior y guardarlo todo para uno, para bien o para mal.

Una película que tiene esas capas emocionales que se despliegan lentamente, pero agradablemente. También con el sinsabor de la vida, la amargura, el dolor pero incluyendo la comprensión, el apoyo y el amor por el ser humano.

Los médicos rurales aquí son los homenajeados, siendo los protagonistas mostrando sus fragilidades en todas las facetas, la personal y la laboral. Hay un respeto a la profesión, al ejercicio de la misma con una dedicación más que personal, donde la vocación es lo primordial. Al mismo tiempo se plantea el hecho de si realmente alguien es irremplazable en su trabajo, de una manera muy sutil y tocado desde el lado más humano.

François Cluzet y Marianne Denicourt hacen un buen tándem interpretativo, realizando su labor con buen carisma, donde seguro han tenido ayuda del propio director, Thomas Lilti, que ya abordó el tema de la medicina en Hipócrates. En ambas películas el mismo puede ser un gran referente pues estudió Medicina.

 

 

 

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