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Crítica de La clase de esgrima

Un cuento real de supervivencia y autoestima, una mirada humana hacia la infancia.

Un guion sobre historias reales puede tener muchas formas y fondos, dependiendo de su enfoque se lleva por derroteros muy distintos. La clase de esgrima de Klaus Härö busca una verdad muy concreta y una visión de la repercusión de las guerras y sus bandos, pero sin incidir en demasía en concreto en la contienda en la que está enmarcada el protagonista, solo lo necesario, si no en la parte humana de los sucesos.

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Endel Nelis es un campeón de esgrima que tiene que huir de Leningrado por motivos políticos, ya que la policía de Stalin le busca. Ahora su vida transcurrirá en un pequeño pueblo de Estonia, Haapsalu, y su oficio será profesor, pero sus antecedentes personales le llevarán a fundar un club de esgrima para sus alumnos, y a estar alerta con respecto a los adultos. Ahora Endel será casi un padre para esos niños, que la guerra les ha dejado en muchos casos huérfanos, por la ocupación rusa.

Con estas clases intenta recuperar la ilusión de los pequeños e inculcar una educación mucho más del deporte, unos valores humanos que el director de la escuela no comparte y que hará de ello una lucha para buscar una explicación sobre el posible enigma que Endel guarda. Un día el tendrá que elegir entre sus alumnos o poner al descubierto su identidad donde no debe.

Un cuento real de supervivencia y autoestima, además de buscar el fondo de la persona protagonista en toda su amplitud, incluyendo sus orígenes, antes y después de los infortunios que se crean con los avatares de la vida. Incluye en la temática el hecho de la gran aportación educacional que se implanta en las escuelas por parte de cualquier asignatura, y sobre el aporte de ilusión que los docentes pueden inculcar más allá de los estudios que deparen en sus clases.

Una mirada humana hacia la infancia y sus sueños dentro de situaciones hostiles, donde el arraigo familiar se valora en la distancia y anhelo, ya que la realidad es otra muy distinta. Latente está la intensa búsqueda de referentes e ilusiones para treguar con situaciones complicadas donde la imaginación puede distanciar a la realidad que se agolpa día a día.

El tratamiento visual en La clase de esgrima es sorprendentemente minucioso y exhaustivo buscando puntos de referencia que apoyen el argumento total del filme, que se deshila en un guion sobrio, clásico y con gran verdad emocional.

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La cámara persigue a los protagonistas en la distancia, metafóricamente buscando en esa forma la mente puesta en otro lugar pero consciente de la nostalgia comprendida en los cuerpos que fluyen, también los capta desde atrás enfocando su pasado dando la espalda a todo lo que hubo pero sin olvidar.

Al mismo tiempo La clase de esgrima enfoca los pequeños detalles humanos con una cámara lenta que se recrea y para a captar el acercamiento de los cuerpos pero al mismo tiempo haciendo hincapié en el alma. Todos estos matices se refuerzan por las grandes interpretaciones que contiene la película y que evocan verdad, aunque pueda parecer que el tono es lento, pero en realidad necesario para expresar todo con pulcritud.

El director ha construido con gran acierto una historia real y concreta en cierta universalidad, ya que este caso en concreto se puede poner a muchas personas que pasaron, o sufrirán, el mismo caso que el maestro estonio Endel Nelis, el cual fue fundador de una de las más conocidas escuelas de esgrima del mundo y que hoy en día es todo un referente.

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