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Crítica de Baby Driver. Tarantino sin Tarantino

Puntuación:

Gran parte del mérito del resultado final recae en el trabajo de los intérpretes. Jamie Foxx aporta un acertado tono paródico a su papel de psicópata, mientras que Jon Hamm y Jon Bernthal hacen lo propio en los roles de los matones que forman parte de los diferentes equipos de ladrones.

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Notable entretenimiento que mezcla acción, humor y música pop en un cóctel cinematográfico más apetecible que la mayoría de los blockbusters veraniegos.

El británico Edgar Wright ha demostrado con la trilogía Cornetto (Zombies party, Arma fatal, Bienvenidos al fin del mundo) y su adaptación del cómic Scott Pilgrim contra el mundo su capacidad para combinar homenajes al cine y la cultura pop, un particular sentido del humor y una habilidad para crear personajes atractivos muy poco habitual en el cine de entretenimiento actual. El realizador no oculta sus referentes y su pasión por la música, pero sabe ir más allá de la simple parodia u homenaje para otorgar a sus trabajos personalidad propia. En muchos aspectos, su manera de entender el cine no se aleja tanto de la concepción que puede tener Quentin Tarantino del séptimo arte.

Crítica de Baby Driver

Crítica de Baby Driver

Quizá sea esa la razón por la que su segundo asalto al mercado norteamericano nos remita muy claramente a las primeras películas del autor de Django desencadenado. Al igual que hiciera el genio estadounidense en Reservoir Dogs, Pulp Fiction o la infravalorada Jackie Brown, Wright hace suyos algunos tópicos y personajes del cine negro y el thriller. Al fin y al cabo, en Baby Driver nos encontramos ante una película de atracos repleta de tipos duros y situaciones mil veces vistas que, sin embargo, el británico sabe apropiarse gracias a su peculiar estilo. Por otra parte, los protagonistas, un chico que conduce los coches de los asaltos en los que participa y una camarera que se ha enamorado de él, están perfilados con tanta ternura que despiertan casi de inmediato la simpatía del público.

No obstante, el inglés no pasa por alto que nos encontramos ante una película de acción y coreografía las distintas fugas casi como si fuera un musical, utilizando las diferentes canciones que escucha su protagonista como base para el montaje, pero yendo más allá del simple videoclip. Quizá los seguidores echen de menos algo de la socarronería británica de la mayoría de los largometrajes previos, pero eso no invalida un trabajo que está muy por encima de la mayoría de los productos de entretenimiento que nos llegan de Estados Unidos.

Gran parte del mérito del resultado final recae en el trabajo de los intérpretes. Jamie Foxx aporta un acertado tono paródico a su papel de psicópata, mientras que Jon Hamm y Jon Bernthal hacen lo propio en los roles de los matones que forman parte de los diferentes equipos de ladrones. También es reseñable la ironía que le imprime Kevin Spacey al jefe de la banda o la inocencia que le otorgan los jóvenes Ansel Elgort y Lily James a la pareja protagonista.

En definitiva, Baby Driver se podría definir como la mejor película posible de Tarantino sin Tarantino.

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2 comentarios

  1. Mi opinión es justo lo contrario: retazos mal cosidos tomados de otros trajes mostrados en un largo videoclip edulcorado saturado de tópicos. Un juke box al que se le han añadido imágenes.
    Saludos

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