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Crítica de El hilo invisible. Edipo modisto

Puntuación:

Elegante y calculadamente frío retrato de un diseñador misántropo y obcecado con la perfección.

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El director estadounidense Paul Thomas Anderson parece obsesionado con los personajes egocéntricos. En Pozos de ambición, versión de un libro de Upton Sinclair, plasmaba en imágenes la vida de un hombre hecho a sí mismo gracias a los yacimientos de petróleo, mientras que en The Master mostraba la vida de un tipo encargado de difundir una creencia sin demasiada base. Junto al diseñador de El hilo invisible, formarían una particular trilogía sobre roles masculinos superficialmente fuertes y más frágiles de lo que parecen a simple vista.

Crítica de El hilo invisible

Por otra parte, el autor de Boogie Nights vuelve a ofrecernos personajes femeninos que mueven los hilos a pesar de encontrarse en un aparente segundo plano, como ocurría con las hermanas del apocado protagonista masculino de Embriagado de amor (Punch Drunk Love) o la esposa del líder religioso que ejercía casi de madre de su marido en la citada The Master. Aquí la sombra de una mujer que supervisa a un hombre queda patente en la fantasmal figura de la progenitora del rol principal, responsable de impulsar la profesión de su hijo, o la hermana, sucesora en las labores de gestión de la carrera del modisto. Incluso la pareja del diseñador, vista en principio casi como una modelo ideal para sus creaciones, se convertirá poco a poco en una figura dominante, aunque sustituyendo el amor maternal y casi infantil por el más adulto de la relación de pareja.

El cineasta visualiza esta complicada historia, ambientada en la Inglaterra de los años cincuenta, acerca de un individuo perfeccionista y con un agudo complejo de Edipo a través de una puesta en escena tan elegante y perfecta como los vestidos que idea el creador de alta costura. Hay una estudiada frialdad que refleja la distancia que rige la vida externa de los protagonista y que contrasta con su atormentado interior. Thomas Anderson reta al espectador al interesarse por la existencia de un tipo egocéntrico y egoísta, pero que resulta fascinante. Igualmente lo son los dos roles femeninos, más secundarios, que acaban mostrando más fuerza interior que el personaje principal.

El reparto se encuentra a la altura de un estupendo trabajo. Daniel Day-Lewis, en la piel del diseñador, borda una vez más uno de sus intensos y algo histriónicos papeles a los que nos tiene acostumbrados, aunque quizá las grandes sorpresas las encontremos en dos actrices, mucho más contenidas que su compañero: una soberbia Lesley Manville, que logra con su muy medida interpretación dotar de ese aire autoritario a una hermana que ejerce casi de madre, o Vicky Krieps, espléndida como esa novia del diseñador que se resiste a ser una mera comparsa de su pareja.

Quizá el pequeño inconveniente de la muy notable El hilo invisible sea su excesiva duración, especialmente evidente en el reiterativo tramo final del largometraje.

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