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Crítica de ‘Los juegos del hambre: Balada de pájaros cantores y serpientes’. Curiosa precuela de una interesante franquicia adolescente

Puntuación:

Curioso pastiche que maneja elementos similares al resto de cintas de la franquicia, aunque añadiendo una interesante historia de traiciones.

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Los juegos del hambre, la versión para la gran pantalla de la novela homónima de Suzanne Collins, demostró que los pastiches pueden resultan interesantes a pesar de mostrar sus múltiples referencias. Aquel filme de Gary Ross mezclaba elementos de películas de romanos donde las luchas de gladiadores son las protagonistas y referencias a los reality shows con las dosis de acción y romance típicos en las sagas distópicas juveniles en boga en la primera y la segunda década del siglo XXI. El realizador Francis Lawrence cogió el testigo en la dirección de las secuelas, versiones a su vez de la serie de libros de Collins, que mantuvieron el nivel y se convirtieron en una de las franquicias literarias y cinematográficas de referencia para el público juvenil.

Los juegos del hambre: Balada de pájaros cantores y serpientes, la secuela de aquella primera tetralogía de cintas, ofrece casi los mismos elementos, aunque sus responsables, donde figura de nuevo Lawrence, saben añadir algunos ingredientes nuevos al guiso. Al enfrentamiento entre Panem y el resto de las colonias, obligadas a aportar a jóvenes a los sangrientos juegos que dan título al filme, se suma una particular historia que aborda una relación estrecha entre una joven de las colonias que ha sido elegida como carne de cañón para el particular circo y su valedor, un chico que pretende hacerse un hueco entre las altas esferas de la sociedad dominante que organiza tan terribles enfrentamientos televisados como castigo por la sublevación de los territorios oprimidos en un tiempo relativamente reciente.

El filme se preocupa más de lo habitual en este tipo de productos por crear personajes principales más o menos interesantes y no se limita a ofrecer solamente acción y elementos románticos. Quizá se echa de menos que no ahonde en algunos de los temas que propone, como ya ocurriera en las cintas de la serie estrenadas previamente, aunque ofrece una historia sobre las falsas apariencias bastante interesante. Lástima que el guion se muestre confuso en ocasiones y no acabe de redondear algunas ideas interesantes.

En el apartado interpretativo destaca Tom Blyth, que convence como un protagonista llenos de claroscuros, y Rachel Zegler, que ofrece una protagonista femenina más delicada que la que encarnara Jennifer Lawrence en las otras cintas de la franquicia. Por su parte, Viola Davis parece pasárselo bomba como la doctora loca de la función.

En definitiva, Los juegos del hambre: Balada de los pájaros cantores y serpientes es un más que pasable entretenimiento adolescente que puede interesar incluso a espectadores algo más maduritos.

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