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Las excelentes interpretaciones de Nykiya Adams, Barry Keoghan y Franz Rogowski resultan lo más destacable de una de las obras más flojas de la realizadora Andrea Arnold.
La directora Andrea Arnold es quizá una de las mejores representantes del realismo cinematográfico británico de estas primeras décadas del siglo XXI. Su filmografía supone una suerte de variación feminista de las obras de cineastas clásicos como Ken Loach y Mike Leigh, aunque dejando patente también la influencia de los belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne. Su obra se centra especialmente en retratos de mujeres adolescentes y jóvenes que viven en una situación de marginalidad. Así lo atestiguan cintas como Fish Tank o American Honey.

Nykiya Adams en Bird. Foto: Atsushi Nishijima
Bird ahonda de nuevo en su asunto favorito. Aquí nos encontramos con una chica que sale de la infancia y se adentra en la adolescencia en un entorno desolador: reside con su padre en una casa ocupada con la pareja de éste y su hermanastro, mientras que ve desconsolada cómo su madre y sus hermanas conviven con un hombre que maltrata a su progenitora. Con pocos apoyos paternos, ella tiene que afrontar sola los problemas, tanto propios como los de sus familiares. Será entonces cuando conozca a un extraño hombre que busca aclarar sus orígenes.
Arnold apuesta en un principio por una casi omnipresente cámara en mano para seguir los pasos de su protagonista, aunque no desestime cierto esteticismo habitual en las redes sociales tan utilizadas por los jóvenes. En muchos momentos, la película recuerda visualmente a otra de sus cintas, American Honey, donde sus imágenes remitían por momentos al videoclip, especialmente en un montaje que muchas veces huye del respeto a la continuidad.

Franz Rogowski en Bird. Foto: Atsushi Nishijima
A pesar de un guion demasiado reiterativo, la película funciona hasta que se adentra en una suerte de realismo mágico cinematográfico a la inglesa. Es cuando el largometraje descarrila y cae en el ridículo buscando una cierta poética que no acaba de funcionar bien con el resto de lo visto previamente.
El resultado es una de las cintas más flojas de la directora. Solamente algunos escasos momentos logran brillar en un conjunto demasiado desigual. Quizá lo más recordado sea la interpretación de sus tres actores protagonistas: la joven Nykiya Adams aporta frescura y emotividad a la jovencísima adolescente desamparada, mientras que Barry Keoghan hace creíble a un padre demasiado infantil y el alemán Franz Rogowski otorga sensibilidad a un tipo desvalido que busca a un progenitor que no conoció.

Barry Keoghan en Bird. Foto: Atsushi Nishijima
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